cancun234y5

12 Julio 2008 by laovejabala

Esto que escribo ahora, viernes 5.20 am despues de un boliche apoteotico y con mis apuntes en la habitacion, es cancun234y5. Esos apuntes hablan de lo que hicimos estos dias. Basicamente, la rutina fue intercalar dias de hotel con excursiones. A la noche no intercalamos nada, fuimos siempre a boliches. Dias de hotel es pileta y mar, un rato cada uno, con daiquiris durante el dia y camparis con naranja aentre las siete y las nueve. Alguien me dijo hace poco que mi panza era graciosa. Y si, era graciosa, pero ahora es cosa seria.

Excursiones hicimos tres, dos de ellas a bellisimas playas -Playa del Carmen e Isla Mujeres-, con mar de un color que jamas he visto. Aca, con un mar como este, es cuando vale la pena usar colores distintos para describir cosas. O sea, aca sí que hay azul turquesado, azul petroleo, turquesa celestial y celeste ambarado. Pero no me vengan con que hay ropa de ese color. La tercera excursion fue hoy. Alquilamos un carro y maneje 300 kilometros hasta Tulum, para ver unas ruinas. Hubiera pagado mucha guita para tener un Cd de algun artista argentino y viajar todo ese tramo cantando a los gritos. Pero no, fuimos escuchando unos presentadores mexicanos, algunas radios de cumbia y otras de hip hop. Las ruinas, todo muy lindo, pero cada vez que voy a unas ruinas pienso lo mismo. Que las ruinas no me generan demasiado. Son ruinas, vivieron unos tipos muy grosso, pero ahora no son mas que un montoncito de piedras mas o menos bien conservadas -y andá a saber hasta que punto metieron mano para restaurarlas. Siempre que voy a unas ruinas pienso que va a ser lo que sienta cuando conozca Machu Pichu.

La noche. Decia en la entrada anterior, mucho hip hop, mucho concurso de tetas y culos. Mucho griterio yanqui, come on guys, make some noise. Esa es la consigna permanente, make some noise, hagan algo de ruidos, no importa demasiado porque ni para que, solo gritemos todo el tiempo. Gritemos porque llegamos al boliche, porque estamos en el vip del boliche, porque nos trajeron una botella de Ron Habana o de Vodka Smirnoff a la mesa -es la costumbre, uno paga 45 dolares por la barra libre, le dan acceso al vip de estos megaboliches tipo bariloche y despues de unos drinks uno baja a la pista. Pero estaba con los yankees, make some noise, show your tits, shake yer ass. Todo asi, creo que seria insoportable si uno no estuviera borracho todo el tiempo. Pero asi es la vida all inclusive. Borracho, uno se vuelve como los de su entorno. Entonces, las primeras noches yo me vestia como un chico de palermo hollywood, con remeras ineditas y cinturones multicolores. Ahora, me miro y tengo bermudas, zapatillas blancas, una remera cualquiera, gorra y estoy multitraspirado por haber bailado cosas como “tu me dejastes caer, pero ella me levanto” o una que dice “slow down” u otra que dice “uh, ah, get off the way, get off the way bitch”.  Y con ese embase ridiculo hoy me di cuenta de todo, en el bano, mientras meaba. Al lado mio, un negro de nu jersey meaba y rapeaba con su chorro, lo movia como si fuera una fuente danzante, con armonia, siguiendo la musica de fondo. Yo hice los jueguitos de siempre, tratar de embocarle a los agujeritos en donde va la naftalina -aunque aca no hay- o tratar de llegar lo mas alto posible, a pesar de que va quedando cada vez menos en el tanque. El hip hop sigue siendo, para mi, una proeza dificil. Maniana, ultima dia y ultima noche.

cancun1

7 Julio 2008 by laovejabala

Hay que decirlo. A Cancun vinimos para ver si todo eso que se ve en Wild On! es verdad. Y la verdad es que despues de 24 horas de avion -Buenos Aires-Santiago-Mexico DF-Cancun- y, sobre todo, despues de la primer noche de boliche, podemos adelantar que la cosa viene bastante interesante.

El viaje estuvo bien, aprovechamos unas seis horas de escala en el DF para ir al Zocalo y ver edificios historicos -el Palacio de Gobierno, la Catedral-, todos lugares en donde habia estado en mi anterior visita al DF -2001- pero que no me sonaban para nada. De hecho, insisti mucho en ir a la Catedral, porque me la imaginaba mucho mas grande -entran 20 mil personas, le dije a mis companeros de aventura- pero la verdad es que no entra ni a palos tanta gente. Despues, me puse a pensar porque es que uno siempre va a ver las catedrales -en el viaje a Rio tambien pase por una, y tambien creo que entra mucha gente-, que hay de atrayente en esos edificios que derrochan trascendencia -me asusto, pasa un borracho por el lobby del hotel y patea un cartel de wet, humedo. Aca todo esta humedo, todo es wet. Y no hay parentesis, por eso estos guiones, que paso a cerrar-.

Wild On, entonces. Nada de eso. Un concurso mucho mas berreta, en un ring de boxeo montado en el medio de un boliche -Basic se llama el lugar-. Subian chicas y la onda es que bailaran medio gato y que alguna mostrara las tetas -el locutor tenia una rutina armada, decia show your tits, show your tits, do it, do it- pero subieron diez participantes y ninguna se animo. Esos lugares son indignantes, porque para ver tetas en un escenario estan los cabarets, eso es lo unico que voy a decir al respecto.

No obstante, a la final llegaron dos participantes -de Bolivia y de Nueva York-. El locutor preguntaba cual queriamos que ganara y nosotros Bolivia, Bolivia. Porque una cosa es un concurso para ver tetas y otra cosa es un concurso para ver que ciudad es mas linda -digamos que, en ese caso, Bolivia podria competir eligiendo a la mejor ciudad disponible, y en ese caso diriamos New York, New York-. Pero la cueston es que Bolivia contra New York me parecia una causa emocionante, esas si que son antagonias. El Campo y el Gobierno son cuestiones banales al lado de semejante contienda. Por eso nosotros, Bolivia, Bolivia.

Por supuesto que en este concurso, la que mostrara las tetas iba a ganar, sea de Bolivia o de New York. Pero las chicas habian hecho algo asi como un pacto de caballeras y ninguna mostraba nada. Entonces el locutor proponia una ronda mas para ver si alguna pelaba y ninguna nada. Y nosotros, Bolivia, Bolivia.

Entonces, el locutor de golpe eligio. Dijo Bolivia, Bolivia, y nosotros estallamos de felicidad, nos tomamos otro Cuba Libre y nos pusimos a bailar reggaeton, hip hop y todos esos raros ritmos nuevos. Todo eso hasta hace un rato. Ahora me compre una tarjeta de internet, 24 horas por 15 dolares -la media hora costaba 5 dolares. Voy a estar siete dias aca y tengo uno entero para estar en Internet. Pero no me importa, aca lo verdaderamente importante es chequear si Wild On! es un mito. Y de a poco estamos ayudando a derribarlo. En Wild On!, jamas ganaria Bolivia.

sonrisa

2 Julio 2008 by laovejabala

Ayer, mientras escribía el trabajo final de Historia Política de los Medios, se cortó la luz en mi casa. El trabajo, por supuesto, quedó atrapado en el CPU. Pero esta sensación de encierro académico no era nueva para mí: cuando tuve que entregar el TP final de Nuevos Medios I, la luz también se cortó. Me desperté 8 am como para rumbear tranquilo para Victoria, pero no…tranquilo las pelotas. No había luz y el trabajo estaba dentro del CPU. Sin pánico, me metí en la ducha y ahí mismo se me ocurrió la solución: bajar dos pisos por la escalera con el CPU bajo el brazo y caer en el locutorio de al lado. “Macho, me tenés que salvar, tengo un laburo acá adentro y lo tengo que imprimir”. La clave era caer con el CPU ahí mismo, sino me iban a porteñiar (”que no puedo, que me quedo sin una máquina, que el dueño me mata”) No papá, el dueño no te mata, no te quedás sin máquina (te pago el lucro cesante) y vas a ver cómo podes ayudarme. Bueno, así zafé con Nuevos  Medios I. Ensarté el CPU en uno de los gabinetes y lo imprimí ahí mismo. Viste que me podías ayudar…

Pero ahora la materia era HPDLM (sigla muy cercana a una puteada) y la luz se me volvió a cortar. No, no aprendí, no me lo fui mandando por mail, no lo fui grabando en un USB. Creí que la mala leche estadística ya se había cumplido con lo de Nuevos Medios I. Pero no, me pasó otra vez y no lo había guardado. Al momento del corte me faltaban tipear unas dos horas: una para terminar de redondear un par de ideas y otra que siempre se pierde entre que uno acomoda los márgenes, los subtítulos, le da un par de enters para sumar más páginas y completa la bibliografía, esa cosa inevitable que tenemos los vagos de siempre agregar uno o dos libritos que anduvieron por ahí pero que no usamos ni en pedo.

Mi mayor virtud en esos momentos es que no entro en pánico. Todo lo contrario, me tomo las cosas con naturalidad y enseguida me viene la solución. Ayer, por ejemplo, me acordé al instante que mi amigo Matias tenía una entrega para la facultad. El estudia arquitectura, por lo tanto suele quedarse despierto toda la noche haciendo esas maquetas imposibles. Arquitectura es, según mi opinión, una carrera casi seria: hacer una casa no es joda, macho. Carreras serias-serias hay dos: medicina (hay que curar a la gente; si lo curás mal, se muere, o queda rengo) e ingenieria (hay que hacer un puente; si lo hacés mal, se cae, la gente se muere, o queda renga). Después hay una serie de carreras más o menos serias. Y último está el periodismo.

Sobre periodismo iba el último y lejano post de este blog. Desde entonces, entro todos los días para ver si pasa algo por acá, pero nada. En el medio, quedó un post inconcluso sobre las cosquillas, otro sobre los desencuentros y otro que hablaba del aniversario de este blog, que creo que cumplió un año por los últimos días de junio. Para festejar el cumpleaños del blog, la semana que viene me tomo vacaciones: una semana con tres amigos, en un All Inclusive en Cancún. Desde hace algunos días, soy el tipo más puteado y envidiado de cada uno de los ámbitos en los que participo. Y tienen razón, la sonrisa no se me borra.

periodista

13 Junio 2008 by laovejabala

Hoy me mandaron a cubrir esta nota. La editoria me pidió testimonios, hablar con la familia y, si era posible, una foto del muerto. “Decile que le queremos hacer un homenaje”, me dijo. Me sentí poco menos que un miserable. Sé que otros compañeros lo hubieran hecho mejor y lo que tendría que haber hecho es decir “esa nota no es para mí, no sirvo para esas cosas”. Pero no lo hice: en la profesión no está bien visto hacer eso.

Después, en otra materia, la consigna era extender este texto: “Era una reunión pequeña en un cuarto angosto; se bebía te a la noche. Un pájaro lo sobrevolaba. Un cuervo tironeaba el pelo a las niñas y hundía el pico en las tazas. Ellos no se ocupaban de él, cantaban y reían. Entonces cobró más ánimo”.  Y mientras me dictaban estas cuatro líneas ya me imaginaba que me iba a sentir mucho más cómodo.

En la era de los floggers y los emos, Pedro, Hernán, Juan y yo –treintañeros consagrados– decidimos organizar una reunión a la vieja usanza: merca, puta y whisky; una pequeña recompensa ante tanta exigencia académica. En un momento de nuestras vidas decidimos que hacer todo eso no tenía más sentido y dejamos de hacerlo, pero que va, la realidad es que crecimos escuchando a tipos como Sabina o Charly, que dicen (o solía decir y todavía dice, respectivamente) que ir de juerga es lo que corresponde. Entonces, como fieles alumnos de una escuela de la autodestrucción, eso es lo que hacíamos durante nuestra adolescencia en los 80, y es lo que haríamos hoy, casi veinte años después. Una fiesta de egresados a destiempo.

Arrancamos con el whisky y la coca: al cuarto vaso los tragos ya eran bocanadas de fuego que bajaban por el esófago, un carril demasiado angosto para tanta euforia. Duros. Anestesiados. Pensamos que tres botellas no iban a alcanzar, pero nada de eso. La primera de Johnnie Walker duró un rato: quince minutos, dos horas. Nadie puede dar una precisión del tiempo (ya lo dije, egresados a destiempo).

Llegó Oscar, nuestro amigo mexicano, con las putas. Él no tomaba whisky, el se bebía un tequila a la noche, de tanta merca que tomaba. El prototipo del reviente, que siempre ofrecía un bonus track a sus amigos. Oscar mezclaba todo, hasta las culturas. La primera línea se la esnifó luego de un sapucay en honor a nuestro amigo armenio Guille K. México, Corrientes, Armenia, sin escalas.

Una de las chicas, con cara de pájaro, lo quería todo ya. Tomar ya, desvestirse ya, trabajar ya, vestirse ya e irse ya. Con el resto de las chicas estaba todo bien pero esta loca, con su actitud de drogona reventada, nos ponía incómodos; sobrevolaba en el ambiente un clima de tensa camaradería.

Otra de las chicas fue el bonus track de Oscar para esta noche: un travesti con cara de cuervo, que tironeaba el mechón de pelo de la cara de pájaro para que no se abalanzara sobre la mesa ratona a tomar las líneas que Juan armaba con su prolijidad de arquitecto. “A las niñas ricas les gusta la merca”, decía Pedro todo el tiempo, con la caja enajenada y la nariz empolvada. Decía eso y hundía el pico en las líneas que armaba su coterráneo. Ya nadie tomaba whisky. Oscar había servido tequila en las tazas de café.

Y llegó más gente, que no estaba invitada, pero que se había enterado de la fiesta. Llegó Landi, llegó Topazzini, llegó Flavio. “La vieja guardia”, gritó Pedro, erguido como una estatua, desafiante como un dogo, tucumano como un tamal. Ellos no le dieron bola y siguieron para el fondo; las putas ya estaban trabajando y ya se habían llevado la bolsa grande para la pieza de atrás. El traba volvió del fondo: no se ocupaban de él. En el living, los tucumanos cantaban y reían. “Aguante el Santo, aguante el Ciruja”, cantaban cosas distintas, reían lo mismo.

Entonces Diego, que hasta ahora no había hecho nada de nada, le dijo al traba que se arrimara. Le dio un beso en la boca y le dijo: “Vení hermano, sumate a la fiesta, la guita ya se repartió y acá nadie cobró un peso de más. Por más que no hayas hecho nada, acá todos cobran lo mismo. Esto es una fiesta, una celebración de la vida, acá hay lugar para todos. Esto que ves acá es como la merca: unas pocas líneas, que se vuelven unas cuantas. ¡Ánimo!”.

escalera

3 Junio 2008 by laovejabala

La escalera mecánica de Constitución decide no funcionar y, aunque sigue siendo una escalera, la mayoría de la gente elige usar la fija. Hay transgresores: ella baja apurada mientras juega con la música de sus auriculares, él sube lento, faltan pocas líneas para terminar un capítulo. Se chocan. Nunca volverán a verse.

héroes

29 Mayo 2008 by laovejabala

Los sábados me junto a jugar al fútbol con estos muchachos. Lo hago para divertirme y, también, para estar un poco en forma. Suena raro, pero es así: jugar al fútbol es un acto de amistad enorme pero también esconde cierto sentido de la estética. Los partidos duran una hora, a veces un rato más. Como mucho, hora y media. Una hora y media por semana termina dando algo así como seis horas por mes de deporte. Y con eso estoy bien, porque chivar entre amigos te hace bien, uno se desintoxica de tanta porquería. Pero siempre aparece algún hijo de puta para hacerte sentir mal.  

Bueno, el hijo de puta de esta historia es él, que es el hermano de un gran amigo. El hijo de puta acaba de hacer 13 horas, 34 minutos y 54 segundos de deporte, todo en el mismo día, para completar el Ironman de Florianopolis: 3,8 km de natación, 180 de bici y 42 a pie. Ni en dos meses hago tantas horas seguidas de deporte. Tengo declaraciones exclusivas de este hijo de puta para el blog: “Fue facil hasta las 11hs, luego se puso cuesta arriba, pero no aflojé. Corrí toda la maratón, los últimos 21 fueron duros, pero la mente es fuerte y sobrellevó los momentos duros”.

A mi amigo le dije que me sentiría muy orgulloso de tener un hermano así (los hermanos que no tuve, los abuelos que no tuve… ¿Quién escribirá la historia de lo que pudo haber sido?) La cuestión es que siempre tuve admiración por estos tipos de hierro. Me acuerdo de los documentales deportivos de Nicanor González del Solar, en El deporte y el Hombre, o de Francisco Campos en La Cabalgata Deportiva Gillette, toda esa cuestión épica del deporte, presente desde los orígenes mismos del maratón, que supone el esfuerzo humano al extremo. 

Pero este hijo de puta no me va a amedrentar: todos tenemos nuestra jornada épica en algún momento de nuestras vidas. Algunos corrieron para no morir, otros corren para no abandonar, yo corrí detrás de un culo.  

conexión3

22 Mayo 2008 by laovejabala

El ojo es físico, la mirada es metafísica, me dijeron. Yo busco el ojo, inducir el giro de la pupila y detectar tu luz, destrozar el nexo que te une con él, separarte de su recuerdo, y que estés acá, conmigo. Compartir los auriculares y escuchar una canción que nos ponga un poco más tristes. Y ahí sí, apoyarme en tu hombro y respirar en la curva de tu cuello (metafísico). 

sueños

14 Mayo 2008 by laovejabala

Durante algún tiempo tuve la intención de armar un blog para escribir lo que soñaba. Se llamaba 365suenios y hasta llegué a registrarlo en blogger. Al principio escribía los sueños a la tarde, en algún rato muerto del laburo, pero noté que algunas cosas las iba perdiendo a medida que avanzaba el día. Después pensé que lo mejor era escribirlos ni bien me levantaba, pero me pasó que en algunas desveladas nocturnas soñaba algo que después tampoco recordaba, por más que escribir el sueño fuera la primera actividad del día. Así que durante un tiempo dormía con un anotador y una lapicera sobre la cama, para anotar al menos algunas palabras clave a eso de las 4 am para después si escribir el resto. Ahora que lo pienso, una locura total para sostener una idea que me parecía (y me sigue pareciendo) muy buena pero que requiere de una constancia que jamás tendré. El proyecto duró una semana.

El otro día, buscando un archivo para subir un post (que hablaba de Led Zeppelin y del Ford Fiesta blanco CCA 154) encontré otro que tenía la descripción de un sueño. Es del 9 de enero de 2006.

Vamos con el Pampa y el Negro con el M5 por un camino. Adelante nuestro un viejo en un R4 hace una pirueta tipo 360º y sigue andando. Nosotros queremos hacer una pirueta similar, como hacen los jet ski cuando hunden la trompa y salen para otro lado, pero hay agua y el auto se hunde de trompa. De golpe yo le digo al Pampa que no lo haga porque habia visto como un M5 de quedaba seco si le mojaban una central electrónica que hay bajo el capó. Nos empezamos a hundir pero no parecemos preocupados. Yo digo que nos desatemos el cinturón porque el auto se hunde. Ahí el Pampa dice que nos estamos hundiendo y que salgamos del auto y yo me desespero un poco (aunque no lo demuestro, me preocupo por dentro, digamos) tratando de abrir la puerta del auto. Una vez que salimos, ya nadando hacia el borde, chequeo tener la billetera y el telefono. Vamos hasta el borde de la vereda y reconozco el lugar. Estamos en el Parque de Mayo, en la curva del fondo, pasando donde me pegue yo con el auto. Trato de desbloquear el teléfono con Menu + asterisco pero no funciona. Mientras, estamos flotando y hay muchas víboras (de colores, amarillas, naranjas) en el agua y en la vereda. El crencha tampoco puede desbloquear el teléfono, pero en realidad el que tiene un teléfono igual al mio es el palmera*. Lo llamo a mi viejo y me dice “queres que le diga a tu vieja que te quedaste conmigo, que tenías fiebre”, porque la noche anterior me habia acostado como a las diez de la mañana. Me queria cubrir. Le digo que está todo bien, que no hace falta, pero que me venga a buscar porque se nos hundió el auto. Ahora recuerdo una escena de la noche anterior, estábamos en una especie de bar que era una casa y había como dos grupitos: uno el nuestro, con peti, nano, yo y unas minas y el otro de unos vagos. Pero no me acuerdo bien que pasa como para escribirlo acá. Tengo imágenes como que estábamos en bolas y que estaban las hermanas de peti o de nano, pero no lo registro bien. Hay un principio de pelea con un vago del otro grupo que tiene una remera amarilla y decidimos irnos. Apuesto a que en la noche este sueño estuvo primero y despues vino el otro del auto. Vuelvo al del auto. Mientras hablo con mi viejo empiezo a ir para el auto pero me doy cuenta que el agua le llega hasta el techo, o sea que hay apenas 1 metro y pico de agua y empiezo a caminar. Recuerdo que me flashea que bajo esa superficie haya cemento, cuando en realidad es algo lógico porque estamos en la calle de atrás del Parque de Mayo. Ah, también hay un episodio con una cochera, estamos en un subsuelo de un edificio copado, que nos metemos por error, y cuando queremos salir está cerrado el portón, que es muy modero y luminoso, como todo ese subsuelo. Como que se repite varias veces nuestra escena de salida: una pasando atrás de un auto que justo salia, otra tocando el botón y saliendo, otra chiflándole al guardia que nos equivocamos y que nos abra. En esta escena el Pampa maneja, el negro va adelante y en cada unos de esos finales le indica si el portón va a tocar el auto. Yo voy atrás. Durante todo el sueño, el auto es nítidamente azul. O sea, del mismo color del M5 que tuvimos, pero está muy presente el tono. Como si por momentos todo se volviera tipo Sin City, en tonos cepia, pero el azul del auto queda igual.

abuelo

2 Mayo 2008 by laovejabala

Ayer salió en LNP un artículo en el que hablan de mi familia. Dice así: “Hace 85 años, en abril de 1923, contrajeron enlace en nuestra ciudad los vecinos Inés Raquel Geddes y el médico Osvaldo Casanova, en uno de los sucesos sociales más celebrados de la época (noten como incomoda el “médico” ese que ponen ahí, pareciera que se casan los vecinos con un médico. Todo para poner que el tipo era médico, sigo…) La boda se efectuó en la casa familiar de la novia dentro de la mayor intimidad, dado el luto que afectaba a la familia del contrayente. Esto no será óbice, sin embargo, para que se origine una interesante reunión social poniéndose de manifiesto en ella las nutridas simpatías que gozan los contrayentes”.

Conociendo a mi familia, ahí lo que el periodista quiere decir es “OK, están de luto, pero estos ingleses se van a mamar casi seguro”. Hay un párrafo entero que describe los regalos que recibieron “César Petit de Murat: anillo de rubíes y diamantes; Enrique Berardi, bandeja de bronce; Diego Meyer, frasco de cristal; Luis Medús, una victrola (sic); Aristóbulo Barrionuevo, una lapicera de oro.” Ah, y también dice que “la ceremonia religiosa fue apadrinada por Encarnación Recagorri y Diego Geddes (mi bisabuelo)”. En el artículo la palabra óbice queda preciosa. Son palabras preciosas, cargadas de sentido. Lo mismo que flirtear, o spleen, palabras que dicen lo que un párrafo entero.

Spleen la escuché el otro día en un tango que se oyó en el Bar de Roberto, que bien describe mi amigo. Ahí tuve ganas de tener un teclado y escribir, tan lleno de spleen como estaba, porque extrañaba a mi abuelo. No conocí a ninguno de mis dos abuelos, con lo cual puedo suponer que extrañaba a la institución abuelo-hombre. Extrañaba hablar con un hombre que no sea ni mi viejo ni un amigo, extrañaba hablar con alguien que tuviera olor a viejo y aliento rancio, pero que eso no me importara, y supongo que eso sucede solamente cuando uno habla cara a cara con un abuelo, cuando uno siente ganas de abrazar a esa persona que en cualquier momento se va (abrazo sutil e intenso, para no quebrar los huesos, para no dejar ir).

Esa persona que se está por ir no le debe nada a nadie (mucho menos al hijo varón de su hijo varón), y por eso te dice verdades que nunca nadie en la vida te va a volver a decir. Pero esa charla para mí nunca existió, entonces yo que estoy ahí en un bodegón de Almagro, festejando mi cumpleaños número 28 con los amigos que más quiero (más los otros tres que están en Bahía) me imagino lo que podría haberme dicho él alguna vez. Y como yo me imagino lo que quiero, más hoy que es mi cumpleaños, le pongo un vaso de whisky en la mano y escucho a mi abuelo decir que lo que siento por cada uno de ellos vale más que cualquier anillo de rubíes, más que cualquier bandeja de bronce y más que cualquier lapicera de oro.  

miércoles

1 Mayo 2008 by laovejabala