vereda

By laovejabala

Un amigo, que dice cosas como éstas, me pidió que le hiciera un favor y para eso necesitaba entrar a su casilla de email. No resistí la tentanción y le revisé algunos correos viejos y entre ellos encontré uno que le envié yo a él y a mis otros dos concubinos de entonces hace algún tiempo. No recuerdo haberlo escrito, tiene momentos un poco prepotentes pero juro que no lo escribí estando ebrio (algún día debería postear unos textos que escribía cuando llegaba del boliche, entre las 5 y las 6 am). Bueno, aquí va… Debería cambiarle mil cosas (tiene códigos internos de entonces que ni siquiera yo llego a comprender hoy) pero lo pego tal cual, sin correcciones, porque tengo un poco de culpa por haber chusmeado una casilla ajena.

Cada vez que salgo de terapia, que queda justo enfrente de mi casa (“una calle nos separa”, tema de Nestor en Bloque que cantamos a duo con la Pepona Reinaldi Borgarelli en Creamfields), camino hacia el almacen de los chinos (super llamado Toronto, y cuyo dueño podría ser el alemán Otto Caja. Globalizacion, le dicen) en busca de algo para desayunar. Nunca hay nada en casa. Para desayundar. Entonces busco algo, para desayunar. Y busco, tambien, caminar por la vereda de enfrente. La vereda de enfrente es la vereda que no limpia Claudito, el boliviano, que habla como un cordobés, vaya uno a saber por que. Pero la vereda de enfrente es también una forma de ver la vida. Veo, antes que a nadie, al portero de al lado, que vino a jugar al futbol una vez con nosotros, que tiene unas cubas de futbolista ochentoso, tipo Coco Reinoso (Jorge Federico Reinoso, que otra cosa podés ser sino marcador lateral derecho de Racing Club) y que es, a todas luces, un hijo de puta. El portero, digo. Paso por el kiosco de la esquina y quiero que esté la morocha, pero no está. Está la otra, la gordi, y la miro y me mira pero no la saludo y no me saluda. Y está bien que así sea. Despues, esos metros invisibles hasta el super. Invisibles porque no sé bien que hay ahí. Un edificio, un Laverap y una mercería, creo, pero no importa porque nunca entré. Y llego al coreano, un mundo aparte, un libro entero, que podría tener los siguientes capitulos: las cajeras coreanas que son como las dueñas; el cajero coreano que es como el dueño y su lunar con pelo; las cajeras bolivianas que duran poco y que son menos atractivas que un fiambre (salvo aquella); el bolicoreano, que no puedo descifrar en que habla y de donde viene y de que palo es (porque hay claramente dos palos: los coreanos y los empleados de los coreanos y se pelean entre sí); la chica del fiambre, que me saluda y me parece buena gente y quiero que le vaya bien en la vida; el carnaza, que es macanudo pero que me da un poco de miedo; el otro repositor, que me saluda como un amigo y que tambien quiero que le vaya bien en la vida; el verdulero, que tambien cambia cada dos minutos (el último que me acuerdo era Favio Posca, que siempre llevaba una piba muy linda a acompañarlo); la gente, que va a comprar y se queja como si estuviera en Suiza; y la institución en sí: gente que no habla el idioma administrando proveedores, personal extranjero que siempre esta reponiendo mercaderia, mugre que no quiero ni pensar, precios bajos, una caja impecable. Y trabajar todos los días. Todos los días. Y me acordé de ayer, cuando volvía de lo del Borja a eso de las 22.15 y, por la vereda de enfrente, se fueron juntos el repositor copado y la cortadora de fiambre (que es una persona, como dijo la flashera aquella). Iban juntos, charlando y, no lo llegué a ver pero, ojalá que también se hayan ido de la mano.

4 comentarios para “vereda”

  1. air drums « Recuerdos de Constantinopla Dice:

    [...] Recuerdos de Constantinopla « vereda [...]

  2. cuty Dice:

    Me acuerdo de este mail y también de los codigos, me lo habia olvidado y me parece copado que lo vuelvas a recordar aunque haya sido usmeando en casilla ajena.

  3. Franco Dice:

    Hace rato tenes la llave, usala, que ese lugar es como el living de tu casa, no te mandes la parte. Abrazo.

  4. negocios « Recuerdos de Constantinopla Dice:

    [...] me fui a la librería que está al lado del consultorio de mi psicólogo (y enfrente de mi ex casa) y me acordé de que tenían un libro de David Foster Wallace a 21 pesos. Siempre voy [...]

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