abuelo

Ayer salió en LNP un artículo en el que hablan de mi familia. Dice así: “Hace 85 años, en abril de 1923, contrajeron enlace en nuestra ciudad los vecinos Inés Raquel Geddes y el médico Osvaldo Casanova, en uno de los sucesos sociales más celebrados de la época (noten como incomoda el “médico” ese que ponen ahí, pareciera que se casan los vecinos con un médico. Todo para poner que el tipo era médico, sigo…) La boda se efectuó en la casa familiar de la novia dentro de la mayor intimidad, dado el luto que afectaba a la familia del contrayente. Esto no será óbice, sin embargo, para que se origine una interesante reunión social poniéndose de manifiesto en ella las nutridas simpatías que gozan los contrayentes”.

Conociendo a mi familia, ahí lo que el periodista quiere decir es “OK, están de luto, pero estos ingleses se van a mamar casi seguro”. Hay un párrafo entero que describe los regalos que recibieron “César Petit de Murat: anillo de rubíes y diamantes; Enrique Berardi, bandeja de bronce; Diego Meyer, frasco de cristal; Luis Medús, una victrola (sic); Aristóbulo Barrionuevo, una lapicera de oro.” Ah, y también dice que “la ceremonia religiosa fue apadrinada por Encarnación Recagorri y Diego Geddes (mi bisabuelo)”. En el artículo la palabra óbice queda preciosa. Son palabras preciosas, cargadas de sentido. Lo mismo que flirtear, o spleen, palabras que dicen lo que un párrafo entero.

Spleen la escuché el otro día en un tango que se oyó en el Bar de Roberto, que bien describe mi amigo. Ahí tuve ganas de tener un teclado y escribir, tan lleno de spleen como estaba, porque extrañaba a mi abuelo. No conocí a ninguno de mis dos abuelos, con lo cual puedo suponer que extrañaba a la institución abuelo-hombre. Extrañaba hablar con un hombre que no sea ni mi viejo ni un amigo, extrañaba hablar con alguien que tuviera olor a viejo y aliento rancio, pero que eso no me importara, y supongo que eso sucede solamente cuando uno habla cara a cara con un abuelo, cuando uno siente ganas de abrazar a esa persona que en cualquier momento se va (abrazo sutil e intenso, para no quebrar los huesos, para no dejar ir).

Esa persona que se está por ir no le debe nada a nadie (mucho menos al hijo varón de su hijo varón), y por eso te dice verdades que nunca nadie en la vida te va a volver a decir. Pero esa charla para mí nunca existió, entonces yo que estoy ahí en un bodegón de Almagro, festejando mi cumpleaños número 28 con los amigos que más quiero (más los otros tres que están en Bahía) me imagino lo que podría haberme dicho él alguna vez. Y como yo me imagino lo que quiero, más hoy que es mi cumpleaños, le pongo un vaso de whisky en la mano y escucho a mi abuelo decir que lo que siento por cada uno de ellos vale más que cualquier anillo de rubíes, más que cualquier bandeja de bronce y más que cualquier lapicera de oro.  

4 comentarios para “abuelo”

  1. AEZ Dice:

    Ah, el abuelo… You know.

    Que hayas tenido el mejor cumple, atorrante. Abrazo grande.

  2. Diego Dice:

    El otro día vi este post en un iphone. La verdad que está muy bueno. Y el iphone está simpático también.

  3. FedEx Dice:

    La verdad Diego que a mi me pasó lo mismo con el tema abuelos, solo conoci a mi materna, pero se murió cuadno tenia 4 o 5 años; y siempre me pregunto lo mismo..en fin, siempre nos vamos a quedar con el beneficio de la duda y con la aun mas agrandada institucion que tiene una persona que es abuelo y encima, se fue.
    abrazo y me sintetizaste un pensamiento.

  4. héroes « Recuerdos de Constantinopla Dice:

    [...] amigo le dije que me sentiría muy orgulloso de tener un hermano así. (Los hermanos que no tuve, los abuelos que no tuve ¿Quién escribirá la historia de lo que pudo haber sido?) La cuestión es que siempre tuve [...]

Escribe un comentario