sarlanga

No sé por donde empezar a contar esta historia. Quería arrancar por lo increíble que es youtube pero ahora, con el correr de las horas, me doy cuenta de que eso es apenas un detalle.

Empezó el jueves a la tarde. Estaba en el diario y de repente se  me vino la palabra Ferragosto a la cabeza. El Ferragosto,  así creo que me vino, con el artículo y todo. A veces me pasa, que me levanto con una frase o una palabra. Son esas cosas que uno no las dice nunca y piensa que son únicas, pero quizás nos pasen a todos. Que arrancas la mañana con “colchoneta verde”, o que te estás tomando un café y de repente te aparece “Medina Bello”. Yo vivo mucho con eso. A mi me pasan cosas adentro del cuerpo que no sé si les pasan a todos, ruidos raros, suspiros, pensamientos, asociaciones, delirios, cosas que me asustan y cosas que me emocionan y que no las sabe nadie. Se quedan conmigo la mayoría de las veces. Pero a veces aparece Ferragosto y me conmueve de tal manera que necesito venir a contarlo acá, despues de mucho tiempo en que no escribía nada.

Ferragosto era el nombre de  un padrillo que competía con los caballos que tenía mi papá, a finales de los 80. Y como boludear en Internet es mejor que trabajar, empecé a buscar los nombres de caballos que me acordaba:  Americana Neo, Utrero (que era otro de los caballos del viejo), El Golpe, Pitufina (una yegua muy mala del escribano Galmarini; los hijos del escriba le daban esas pastillas blancas de menta  y después la yegua salia siempre última).

Después busqué jockeys, aunque solo  me acordaba de dos:  Juan Zarrazabal y el corchito Zaicovsky. Creía recordar que el corchito era en realidad Cochito, y que Zaicovsky era Jarcovsky. Lo único que tengo claro es que era petiso y ruso. Y que yo aprendí (o perfeccioné) la lectura y la memoria leyendo el programa con las carreras de caballos del Hipódromo del Club Argentino. Mi viejo estaba en la comisión directiva de carreras y entonces yo tenía free pass para todo. Entraba y salía de cualquier lugar como si tuviera las pulseras de plástico que te dan ahora para ser vip. Veía las carreras desde el lugar en donde las relataban. Creo que al relator le decían Virola, o Bedoya, o algo así. Pero arrancaba  con B y tenía seis letras, tres pares de consonante-vocal.

A ver, decime las chaquetillas, me decía Varela. Y yo arrancaba. Uno, blanca, dos colorada, tres negra, cuatro, verde, cinco, azul. En los hipódromos más grandes, cada stud tiene sus colores y los usa para correr, como si fuera un club de fútbol y su camiseta. Pero en las carreras de Bahía Blanca y la zona, las chaquetillas eran fijas. Si corrías con el número uno te tocaba blanca, dos colorada, tres negra… y así Virola chequeaba la memoria de un nene de ocho años, rubio corte taza, poca calle y mucho interés por las cuestiones ajenas a mi clase, a pesar de lo que dijera (y aún dice) mi mamá.

Pero el nombre que tenía que buscar era Sarlanga. Mi papá una vez se compró una yegua a la que bautizaron Sarlanga, como el jugador de Boca de los años 40, Jaime Sarlanga. Incluso mi viejo ha comentado acá con ese seudónimo, porque en realidad, La Sarlanga, así con artículo femenino, es el amor de la vida de mi padre. Y gracias a Google, a Youtube, y a la gente que pasa videos de VHS a digital, y que los sube a Internet no entiendo muy bien porqué, encontré esto.

“hijo de p … de donde lo sacaste, dice mi viejo. Y arranca el relato. “Vos sabés que alegría ese día. Dios mio cuanta felicidad. Ese día y el día de Santa Rosa, bah ya hasta creo que me puedo morir tranquilo. Qué gloria”. Gloria dice mi viejo. Ustedes ven lo que es ese hipódromo, en Tornquist. Una carrera de caballos en la que corren tres y gana uno, 33% de chances para cada uno. Y mi viejo dice Gloria. Y yo  le creo. Imaginate el que gana el Pellegrini le digo. Y después me corrijo y le digo que quizás que el que gana el Pellegrini no está tan feliz como estaba él ese día.

Retomo lo que me cuenta, vía msn. Son frases de cuatro o cinco palabras, que aparecen una atrás de otra, a un ritmo desaforado, como si hubiera tomado cocaína. “Cuando entran a la gatera, el corazón me empieza a latir cada vez mas rápido, yo decía que larguen de una vez porque me voy a quedar acá seco, las manos me transpiraban, no quería que me hablaran ni que me tocaran, ese medio minuto debe haber sido el mas largo de la historia, cuando pasan delante mío, el caballo adelante, pero la yegua venia con todo el tuco, las orejas paraditas, sin pegar, el otro jockey mirando al costado, es todo eso que te hace pensar, sumando datos, que lo tapaste, el fallo tardó como 15 minutos, casi empiezo a fumar otra vez, cuanto más tarda más posibilidades, porque el fallo era ventaja mínima, para uno o para otro, cuando sale el chico a poner el nro del ganador, escucho que le dice a Mario, esta es para vos marito, y volcó el nro 4 en el tablero, vos no te imaginas el griterío, los abrazos las risas los whiskys, que felicidad…”

Marito es Mario Otero, el cuidador de la yegua, de bigotes que aparece por ahí en los festejos. Mi viejo es el de boina, con pañuelo colorado. Por ahí también está Raúl Vicente Galmarini, el mejor amigo de mi viejo, allá en el 89 y también ahora, en el 2010. Al final levantan una copa, y parece que han ganado la Champions League. A mi viejo le organizan el protocolo para la foto, igual que pasa acá en Buenos Aires, cuando los fotógrafos le indican a un diputado o a un senador, mirame, agarrala, ahí, saludalo, para acá, eso. Y dicen al final: “Buena, Geddes, buena”.

Me acuerdo esa semana, de andar con mi viejo en el auto y él parando cada dos minutos a la conocidos que veía por la calle (en Bahía uno puede estar todo el día dando vueltas en el auto y encontrándose conocidos) y les decía. “vos que sabés de caballos, quién gana acá” Y le mostraba la primera foto, a cinco metros del disco, y la Sarlanga perdiendo por un pescuezo. Y en la foto siguiente, la Sarlanga adelante, por el hocico, como el Diego metiendo el puño y ganándole en el salto a Shilton. Y así una y otra vez. Mi viejo arriba de un Renault 11 azul y las fotos ahí adelante, para cualquiera, para el que las quisiera ver o para el que no, mi viejo en la cima del mundo, recién divorciado eso sí, pero con la Sarlanga adelante, arriba, ganando, campeona, en la gloria de todos lospueblos de la zona: Tornquist, Santa Rosa, Macachín, Bahía, volteándose a todos los padrillos que se le pusieran adelante, la Sarlanga, zaina hermosa, trenzas en las crines como el negro Tevez, goleadora, campeona, reina de los corazones de todos sus dueños, amor eterno a ese apellido vasco que todavía se me viene a la cabeza para decirme que en la vida hay que hacer lo que uno siente que tiene que hacer, como tener caballos de carrera y correr en cualquier puto lugar del mundo, para sentir la gloria, aunque sean dos o tres momentos en toda la vida, pero decir la gloria y sentir que sí, que uno la tuvo dos veces en la vida.

Después se llevaron a la Sarlanga a correr a Buenos Aires, que es como cuando un futbolista se va a Europa. Y ganó tres carreras, acá en Palermo, entre todos los caballos más grandes y mejor entrenados, hasta que el hijo de puta del gringo Bortulé, Elvio Bortulé, el rey de la recta, y el rey de los hijos de puta, la mandó al bombo en una carrera y la trajeron de vuelta para el campo, en San Blas, al sur de la provincia de Buenos Aires.

Un día lo llamaron a mi viejo y le dijeron que la Sarlanga se había matado. Así se lo dijeron. Que se había matado, como si la yegua hubiera agarrado un chumbo y se hubiera pegado un corchazo en la sien. Se había disparado, dijeron, así le dicen cuando un caballo se escapa. Y que  en una maniobra que todavía nadie podía creer, la yegua se pisó la rienda y se desnucó. A mi viejo le dijeron de todo. No seas boludo Ruso, es mentira que la yegua se mató. Le dijeron que se la había afanado Mario Otero y que la hacía correr con otro nombre y seguía ganando guita en la zona. Mi viejo siempre tuvo dudas, pero decidió creer la versión de la Sarlanga muerta.

Ahora me sigue chateando. “La verdad fueron dos años inolvidables. Por eso yo siempre digo que los caballos me dieron más felicidad que las mujeres, y menos hinchadero de pelotas. Bueno, te dejo, la abuela está deshidratada y con muchos globulos blancos (tiene 99 años). A la noche te llamo. Beso y gracias por los recuerdos. Es como si lo hubiera vuelto a vivir. Te quiero mucho”. Yo también.

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19 comentarios to “sarlanga”

  1. Pedro Noli Says:

    Hermano es lo más humano que leí en muchos años.
    No sólo el texto, porque para llegar a esta historia había que soñarla, rastrearla, quererla y por ello buscarla primero en la cabeza y luego donde se archivan los datos; ayer algún papel, hoy en la pantalla.
    Lo fuerte está ahí, no? En tu recuerdo, en añorarlo, en buscarlo. Ahí nace tu arte. Y es el fruto. Exquisito, fruto.
    Es hermoso lo que escribiste, Diego. Es hermoso.
    Te dejo un abrazo,
    Pedro

  2. Diego Says:

    Sarlanga-tu viejo-vos-Bahía-tu abuela-la gloria-el laburo-la muerte-.
    Hay una bocha de cosas. Re bien escritas, chango. Es una bellísima historia muy bien contada. Al ángulo.
    Salud!

  3. nanolefou Says:

    Diego: mil veces comento en blogs, para poner cosas como “muy bueno”, cuando en realidad no me gustan un carajo. Nobleza obliga, incluso en este blog. Pero este texto es bueno-bueno de verdad. Lo tiene todo, es buenísimo. Lo mejor es la manera en que trasladás las angustias y las dudas de un pibe, esa vulnerabilidad ante ese mundo adulto que tiene reglas que nadie entiende. Por otro lado, no se necesita más que esto para entender lo que es la pasión por los tungos…

    Ah!! tu viejo será muy escocés, pero ahí le metió un tangazo a la biografía… ahora entiendo la “robe de chambre gardeliana” que tenía

    PD: preguntale si mi vieja no le hizo los laboratorios o alguna anemia de algún caballo de él.
    Nosotros en la veterinaria veíamos la pasión de los burreros. Los tipos juegan de entrada, a todo, hasta en el laboratorio, ya están corriendo:

    – A ver ¿Como le dieron los glóbulos?… uh, bárbaro, te dije, arriba de 44, te dije, no tiene como perder, ¿y la hemoglobina? uuuuhhh… (sonrisa satisfecha como de político ante encuesta favorable: preparate pal domingo)

    Bueno man, te felicito, buenísimo el texto.

  4. Baldosafloja Says:

    Con ese pibe de corte a lo balá, de patas flacas y mirada asombrada…. con ese pibe me gusta tomar whisky. Tengo la suerte de que, cada tanto, ese pibe, se me asome y me regale un buen momento.

  5. sebahiense Says:

    Excelente escoses, excelente. Lejos lo mejor. Tocastes fibras y te distes un abrazo.
    Siempre es bueno recordar que sos astilla del mismo palo.
    Abrazo de gloria!

    (ojala no sea la edad o la paternidad, pero me aflojastes el gargero).

  6. AEZ Says:

    Pero qué pedazo de historia, la puta que te parió…

  7. Lu Says:

    todo lo que dijeron los de arriba y, también, los colores del video.

  8. Sol Says:

    Me hiciste acordar (y buscar) un tango:
    “Qué fenómeno” ¡Dios mío!
    ¡Quién te ha visto y quién te ve!
    Ayer detrás de la manga
    y hoy adelante, ¡no sé!

    Igual , lo superaste. Tengo la copia de la foto para voce. La espera valió la pena che.

  9. VV Says:

    genial, compañero.

  10. El Alemán Says:

    Me hiciste emocionar, que te parió.
    (las ganas de tomarme un wiskey con vos…y ahora tu viejo)

  11. Matilde Says:

    Fe de erratas, no era pitufina sino La Piruja !!!!! jajajaa Te felicita y agradece tan lindos recuerdos, quien mientras vos estabas al lado del relator de la carrera yo en la pista con La Sarlanga, vieja y peluda, el Utrero, la Piruja que si bien era bonita se quedaba paspando moscas en la gatera, y otros tantos burros que nuestros padres han compartido. Que lo tiro viejo, que linda historia contaste, me has hecho viajar en el tiempo y disfrutar nuevamente del amor por los burros que compartían tu viejo y el mio y que bien nos contagiaron. Cuando me llegó el mail del Ruso, lo primero que hice fue secarme las lágrimas, reirme un buen rato por encontrarme en ese video y luego intentar buscar otros videos de las carreras de la Sarlanga, como la de Santa Rosa cuando le ganamos a la Ollita, la favorita de la zona. Pero no lo conseguí, solo quedara en mi memoria la gloria de verla correr y lucirse aún en Palermo y en San Isidro. Te mando un abrazo enorme, la hija del escri !!!!!!!!!

  12. Diego Says:

    Gracias a todos por los comentarios.
    Mati, vos estás en el video no? Me cagaste con la Piruja… Pero la Pitufina existía, o me la soñé?

  13. heratiooooooooo Says:

    Sabes que no soy de leer textos tan largo, pero con este no pude parar, me emocionó!!

  14. Guido Alvarenga Says:

    Creo que el desfilito de los burros antes de la carrera es algo orgásmico!!

  15. FedEx Says:

    sabiendo un poquito solo de la historia del autor, el texto se magnifica.
    hermoso….

  16. Santy L. Says:

    Que recuerdos me hiciste venir a la cabeza!!!
    Aquella pista de tierra y acercandonos con cara de distraidos al sector de apuestas.
    yo me acuerdo mas o “Trompo” era otro de la epoca?

    Un abrazo muy grande!

    Santy

  17. Pato Says:

    Hermosa historia…pasional como Rober, emotiva y..mas… no sé escribir, pero me hizo “aflojar” imaginando su emoción y TU homenaje hacia él.

    Grande Diego !!!

  18. lucia beve Says:

    el texto entero, sensible, emocionante, ese que te deja espectante y ancioso por el final durante todo el recorrido de los ojos por el mismo. Ahora bien, al principio hablaste de esas cosas extrañas, ajenas o muy propias de uno mismo y que al ser tan propias uno las siente ajenas, esas cuestiones q la cabeza usa y desusa sin preguntarnos o consultarnos antes, esa parte del relato ha sido todo eso que queria decir y no sabia como.
    Sublime

  19. Santiago Says:

    Que buen recuerdo me devolviste Diego. Me acuerdo de la carrera y como dice Matil, de gritar ..” vamos Sarlanga vieja y peluda NO MA´!!!
    Sabes que eran las pastillas blancas que le dabamos a la Piruja, las famosas Mentho-lyptus de Piguyi!!!
    Tanta pastilla de menta dajaban a la Piruja helada en la gatera.

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