Archive for the ‘Rio’ Category

31 octubre 2008

Geoff mira despegar otro avión por la ventana del bar del aeropuerto, calcula las horas que faltan para realizar su check in y me vuelve a preguntar cuántas horas me faltan para llegar a casa. Le digo three y él vuelve a maldecir a su línea aérea, en un británico bien cerrado, inentendible, creo que hasta por cortesía para evitar que yo lo escuche insultar, y clava los ojos en el avión que acaba de despegar y que vuela lejos.

La moza trae las guaranás (o guaranaes?) y Geoff por fin larga la causa de su angustia. Suspira, los cachetes colorados (desde que lo conozco y desde que nació) y dice “a cup of tea”. Geoff extraña el té. Eso era todo. Su fastidio, elegantísimo, era por la abstinencia del té. Contaba las horas que faltaban para llegar a su casa, pero no por el hecho de llegar y saludar a sus padres, sino porque llegar a casa era eso, tomar una taza de té, eventualmente sí, con sus padres. Pero un té verdadero, me dice ahora él, como si me escuchara pensar, no esto que venden aquí en Brasil.

Me llaman para el embarque y le doy un abrazo de despedida: como sé que nunca más lo voy a ver debería ser más fácil para mí decirle que lo sentí como un hermano esa noche en el hostel cuando yo me fui ciego a perseguir a Daniela. Con una mirada me enseñó lo que es el coraje, la hidalguía y la pulcritud. Debería decirle eso, así tal como lo escribo ahora, pero la verdad es que eso suena muy cursi y es más fácil decir cualquier cosa, como prometernos una taza de té del otro lado del océano. Hoy, según facebook, Geoff es dueño de un ciento venticuatro avo de mi amistad.

A mi viejo le conté la primera parte de esta historia en Las Violetas (Medrano y Rivadavia), una de las casas de te más tradicionales de Buenos Aires. Ahí, una tarde cualquiera, mi viejo y yo nos hacemos un poco más amigos. En Las Violetas se casaron mis abuelos hace por lo menos 70 años y ahora alrededor nuestro toman el te y hablan sin parar viejos que tranquilamente podrían haber ido a ese casorio.

Nosotros también tomamos el té, como casi todas las tardes de mi vida. La invitación a tomar el té es una canción que me llega con diferentes tonos (querés un te, tomamos te, querés te, una tazaeté, un tecito), desde todas las ramas de mi familia. Los de la parte escocesa (que, by the way, llevan cuatro generaciones con la costumbre de nacer en el culo del mundo llamado Argentina: de british queda poco y nada) y también la parte materna: siempre tomé la leche a eso de las 4 y media de la tarde, y después cuando llegaba mi vieja de dar clase me tomaba un té con ella.

El miércoles pasado, Gal Costa le cantaba a Copacabana y yo pensé en Geoff, en los códigos, en la amistad y en nuestra promesa. Yo sé que voy a volver a Rio y que voy a pedirme un té para brindar con vos por todo lo que se puede aprender cuando uno está de viaje.

sonrisa

2 julio 2008

Ayer, mientras escribía el trabajo final de Historia Política de los Medios, se cortó la luz en mi casa. El trabajo, por supuesto, quedó atrapado en el CPU. Pero esta sensación de encierro académico no era nueva para mí: cuando tuve que entregar el TP final de Nuevos Medios I, la luz también se cortó. Me desperté 8 am como para rumbear tranquilo para Victoria, pero no…tranquilo las pelotas. No había luz y el trabajo estaba dentro del CPU. Sin pánico, me metí en la ducha y ahí mismo se me ocurrió la solución: bajar dos pisos por la escalera con el CPU bajo el brazo y caer en el locutorio de al lado. “Macho, me tenés que salvar, tengo un laburo acá adentro y lo tengo que imprimir”. La clave era caer con el CPU ahí mismo, sino me iban a porteñiar (“que no puedo, que me quedo sin una máquina, que el dueño me mata”) No papá, el dueño no te mata, no te quedás sin máquina (te pago el lucro cesante) y vas a ver cómo podes ayudarme. Bueno, así zafé con Nuevos  Medios I. Ensarté el CPU en uno de los gabinetes y lo imprimí ahí mismo. Viste que me podías ayudar…

Pero ahora la materia era HPDLM (sigla muy cercana a una puteada) y la luz se me volvió a cortar. No, no aprendí, no me lo fui mandando por mail, no lo fui grabando en un USB. Creí que la mala leche estadística ya se había cumplido con lo de Nuevos Medios I. Pero no, me pasó otra vez y no lo había guardado. Al momento del corte me faltaban tipear unas dos horas: una para terminar de redondear un par de ideas y otra que siempre se pierde entre que uno acomoda los márgenes, los subtítulos, le da un par de enters para sumar más páginas y completa la bibliografía, esa cosa inevitable que tenemos los vagos de siempre agregar uno o dos libritos que anduvieron por ahí pero que no usamos ni en pedo.

Mi mayor virtud en esos momentos es que no entro en pánico. Todo lo contrario, me tomo las cosas con naturalidad y enseguida me viene la solución. Ayer, por ejemplo, me acordé al instante que mi amigo Matias tenía una entrega para la facultad. El estudia arquitectura, por lo tanto suele quedarse despierto toda la noche haciendo esas maquetas imposibles. Arquitectura es, según mi opinión, una carrera casi seria: hacer una casa no es joda, macho. Carreras serias-serias hay dos: medicina (hay que curar a la gente; si lo curás mal, se muere, o queda rengo) e ingenieria (hay que hacer un puente; si lo hacés mal, se cae, la gente se muere, o queda renga). Después hay una serie de carreras más o menos serias. Y último está el periodismo.

Sobre periodismo iba el último y lejano post de este blog. Desde entonces, entro todos los días para ver si pasa algo por acá, pero nada. En el medio, quedó un post inconcluso sobre las cosquillas, otro sobre los desencuentros y otro que hablaba del aniversario de este blog, que creo que cumplió un año por los últimos días de junio. Para festejar el cumpleaños del blog, la semana que viene me tomo vacaciones: una semana con tres amigos, en un All Inclusive en Cancún. Desde hace algunos días, soy el tipo más puteado y envidiado de cada uno de los ámbitos en los que participo. Y tienen razón, la sonrisa no se me borra.

Rio7

4 marzo 2008

 

Ha llegado el momento querida,
de ausentarme quién sabe hasta cuándo.
En mis labios se asoma temblando
una mueca que dice el adiós…
Nuestro amor fue un amor del momento,
mi cariño fue un ave de paso
y tu beso de miel y de raso
fue un vaso sagrado que no olvidaré.

¡Adiós, muñequita de cobre!
Muchacha morena, tu amor tropical
exhala en mi alma su risa salobre
como una canción sentimental.
La luna de Río se queda
para que en las noches le cuente que yo
pasé por tu lado, viajero incansable,
pasé por tu lado y dejé el corazón.

Mi destino es andar en la vida…
Hice mal en soñar a tu lado.
Se ha teñido ese cielo rosado
al conjuro de darte esta adiós…
Perdoná mi promesa, morena.
Olvidá mi locura de amarte.
Buenos Aires mi obliga a dejarte
y bajo esos cielos con vos soñaré…

Ave de Paso – Enrique Cadícamo – 1937

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19 febrero 2008

Qué harías en tu último día en Rio?

Paseo de cuatro horas en barco, día impecable, snorkeling, barra libre de cerveza y caipirinha y asado (pero sin la napolitana que me vuelve loco desde hace dos días);

O playa a la tarde con la napolitana, a cara de perro con el inglés y el paulista con los que viene compartiendo el viaje (anoche el paulista me sacó uno o dos cuerpos de ventaja, pero Falero planea atropellar entrando al tiro derecho final).

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18 febrero 2008

Hoy salió City Tour bastante estándar, combi multiétnica y una recorrida por algunos sitios obvios de la ciudad. Lo bueno fue que llovió todo el camino, o sea que aproveché bastante. De no haber contratado esto me hubiera quedado larveando en el hostel. Pasamos por el Corcovado y el Cristo Redentor, una obra imponente que enseguida me obliga a pensar en qué necesidad tiene el hombre de construir un monumento de 1.200 toneladas a 700 metros de altura. Hermosísima vista de Rio.

Después volví a ir al Maracaná, aunque solo entré a un vergonzoso museo que hay en la puerta, con los pies de los futbolistas más famosos (los Ronaldos, Kaka, Roberto Carlos, Pele y hasta una mina que se llama Marta, y que debe jugar mejor que varios de nosotros). Faltan Obdulio Varela y, por supuesto, Diego Maradona (creo que no hace falta linkear). No obstante, eso es algo nuevo y quiero creer que Diego va a terminar dejando su huella ahí (aunque ahora pienso que quizás ya se lo ofrecieron y el Diego por ahí respondió alguna Maradoneada (“es un negocio de Havelange”, “Pelé debutó con un pibe”, “Pelé debutó con Havelange”). A Obdulio no creo que lo convoquen porque en 1996 arrancó con las clases de arpa. Aprendí que el Maracaná se llama Mario Filho, un periodista deportivo (para cuando el “Rafael Emilio Santiago” en Bahia?) y que está pintado de azul en honor al color de la camiseta uruguaya (ya sé, es celeste, pero bueno, vale la intención) por el Maracanazo. Ojalá que en el 2014 lo pinten de Celeste y Blanco, aunque estuve viendo FutVoley en la playa y pienso que no hay ni una chance.0

El último destino fue la Catedral Metropolitana, un edificio imponente; estuve un rato sentado en el centro, escuchando la lluvia que caía sobre esos cuatro vitraux de 100 metros. Según la guía, en la catedran entran 20 mil personas, pero me parece que se le escapó un cero. Decí que ya habíamos pasado por el Maracaná, sino era para preguntarle qué capacidad tiene. Hay un bonus track, pero por ahora no pienso hablar de eso. Prometo ofrecer una imagen que va a valer más que 500 mil palabras (siguiendo el tren de exageración que propone Luiza).

Estoy en la hora en que me agarra un poco de nostalgia, (siete u ocho de la noche). El quilombo del hostel me harta un poco y me recluyo a leer o a salir a cenar solo. Pero es un rato nomás, después se me pasa.

Anoche conocí a un británico igualito a Bam Margera de Jackass, que trabaja en una pequena compania discográfica y se dedica a exportar música brasilera de los 60, no lo que conocemos todo sino del palo psicodélico. Por supuesto que enseguida empezamos a hablar de música argentina y el flaco conocía una bocha de ese mismo palo: Vox Dei, Aquellare, Pescado Rabioso, Billy Bond, Pappo Blues, Spinetta, Almendra. Le pregunté si lo suyo era rentable, cómo sobrevivía en la era del download, y me dijo algo así como que en Inglaterra hay lugar para todo, que hay coleccionistas que pueden pagar mil dólares por un vinilo. Enseguida me salió el argento y le dije que si va a Parque Rivadavia le puedo conseguir algunas cosas y vamo´ y vamo´. Creo que lo último no me lo entendió.

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17 febrero 2008

Ya desarrolle una tolerancia extrema a dos cosas. No me duele mas el hueco entre el dedo grande y el otro (algunas personas tienen mas largo ese dedo que el gordo, eso no esta bien, no habla bien de la gente; son como los que toman Bloody Mary), las ojotas ya son parte de mis pies. Y la cerveza, tomo todo el tiempo y no me hace nada. Tanto que hasta como menos, porque como me dijo mi amigo Dominik, beer is food. Y además, la temperatura: los brazucas son a la birra lo que los entrerrianos al mate, temperatura justa. Me lo dijo él por chat.

Douglas anda con una credencial colgada. Es del laboratorio donde voy a trabajar, dice. Voy a ser bioquímico. Esta como un chico que dice voy a ser bombero. Supongo que va a durar ahi hasta que lo agarren afanando merca.

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17 febrero 2008

Acabo de volver de Villa Mimosa, la zona de los puterios, que de alguna manera me hace acordar a este relato. Bueno, viví y sentí algo parecido. En la primera cerveza le dije a Bernardo que si él pasaba yo me volvía al hostel, de ninguna manera me iba a quedar veinte o treinta minutos ahi solo, sin mi guia brasilero, que es mi amigo, sí, pero para mí representa que estoy con algún local. Dieguito miedoso ganaba por goleada. En la segunda cerveza decidí que si él pasaba, yo también lo haría, para que ese tiempo de soledad se me haga mas corto. Cada vez que recorriamos la zona Bernardo buscaba una chica diferente y yo otra, de ese mismo boliche, para quedarme ahí, en el cuarto de al lado. Me confesó que había tomado una línea, entonces me di cuenta porque me había invitado a Villa Mimosa. En la tercera cerveza ya sabía que mina elegir en cada uno de los boliches de la zona. En la cuarta le dije a Bernardo que yo iba a coger, que nos encontrábamos en el bar, dentro de veinte minutos. Dieguito viajero 1 – Dieguito miedoso 0.

Cuando bajé, Bernardo seguía dando vueltas, todavia no había elegido ni concretado nada. Yo tenía plata para otra cerveza (y para el taxi), pero no para otro turno. Al final eligió una, en el mismo puterio que había pasado yo. Me pedí otra birra y dos vasos, para esperarlo con bebida para cuando baje. Me parecía un gesto de cortesía. No vi bien con que chica había subido y a la media hora empecé a preocuparme. Lo esperé como una hora, porque Bernardo pasó dos turnos. Estuve una hora en el mismo lugar en donde antes no me bancaba ni tres minutos solo.

El miedo. De eso quiero hablar. Todos tenemos miedo en esas situaciones, solo es cuestión de acostumbrarnos. Nadie puede tener miedo por tres horas, es solo al principio, los primeros diez o quince minutos. Uno desarrolla un síndrome de Estocolmo con el contexto. Todos tenemos miedo, todos somos valientes.

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16 febrero 2008

Dos veces en menos de veinticuatro horas me dije, la puta que vale la pena estar vivo (y viajar).

Anoche, fuimos a Beco do Rato, un bolichín donde tocaban samba, seis negros en un sucucho, un sonido pedorro y cerveza todo el tiempo, gente que subia a cantar y los de público haciendo reverencias. Bailar ahi, ese ritmo que tienen los brasucas en el alma, fue sublime. Más tarde, Bernando, capo dentro del hostel, se volvió con dos australianas (una de ellas hija de padre uruguayo, así que manejaba el español, y era macanuda) que tenían que viajar hoy temprano. Yo me quedé con Pamela, simpática colombiana con físico impactante y un pequeño defecto en la boca, como si la tuviera pegada con poxirran, a lo maestro Tabarez (uruguayo). A la tarde la habían robado, así que me quedé un poco a cargo de esta chiqui que estaba un poco triste. Pero al toque fue a un bar al baño (para los hombre todo rio es el baño) y volvio con Paula, una brasilera de ensueño. Sensualmente inexplicable, preciosa, su forma de moverse, su olor. Pamela bailaba muy bien, con mucha onda y muy caliente (colombiana), pero Paula, madre de dios y todos los santos, que ADN, que genética, venite a vivir conmigo a Bahia Blanca, por favor, subime a la tarima de Chocolate de las narices y bailemos, felices, para siempre.

Para los resultadistas que leen este blog y que quieren saber si estuve con Paula, bueno, no. No estuve con ella, pero hasta me rechazó con sensualidad. Me volvi muy tarde y borracho, con Pamela en colectivo. Mientras nos haciamos algunas caricias (estoy muy mimoso aquí en Rio, a la tarde de ayer tambien estuve haciendole caricias a Lucia en su ultimo dia en la playa), en el bondi se armó un revoleo infernal de pinas entre dos muchachos. No sé muy bien que pasó, pero como dijo un cuarentón (frances) que tambien iba en el bondi, Brasil is crazy man, i love it. I love it to.

Momento dos, hoy, en el Maracaná, clásico entre Botafogo y Fluminense. Unas 80 mil personas en la arquibancada. Sensacional. A la entrada hablaba con Bernardo de que había un clima muy bueno, gente de las dos hinchadas cruzándose en la puerta, haciéndose pequeñas cargadas. Bueno, minutos despues se armó un revoleo sensacional de piñas, apareció la cana y el grupo de doce que éramos (obvio, mayoría israelíes) se disolvió. Dieguito pesimista pensó en volverse a la casa, pero ganó Dieguito viajero y me quedé. En la cancha me crucé al hermano de Paula (al que había conocido a la noche) y estuvimos torciendo por Botafogo (juega un argentino, muy querido aqui, Alexis Ferrero, ex Tigre, en el banco esta un tal Escalada y en Flu entró el ex River Conca, en el ST). Ganó Botafogo, canté sus canciones (las mismas que en la argentina pero con otra cadencia) botafogo, eu ti amo en lugar de pongan huevo, que ganamo´. Y al final, cuarenta mil almas, todas al grito de Creu y el mismo gesto que hacen los esquiadores, you know what i mean. Creu, creu, creu, creu, cada vez mas rapido. Ver esa popular haciendo ese gesto y despues revoleando las camisetas blancas y negras fue increible e inolvidable (para vos, Dieguito pesimista). La vuelta un bardo, subte hasta aqui, ahora estoy muerto pero es sabado y habra que salir a recorrer la noche again.

Breves: ya no estan mas los israelies en mi cuarto. Hay un argentino y tres argentinas. No tuve mucho contacto con ellos, pero el mix me daba un poco raro. El argento esta con la argentina mas bonita, las otras dos no se que onda, pero ahora estan los cuatro durmiendo en dos camas, nene-nena y nena-nena. Ahora el mix me da un poco mejor. Ampliaremos.

Amo cuando Lucia (que vuelve el lunes) dice Nosssaaaa, una expresion apocope de nossa senhora, para demostrar admiracion. Te gusto Buenos Aires Lu? Nosssaaa, dice ella. Me encanta.

Todavia no fui al Corcovado, tampoco al Pan de azucar, te doy ese changui Rio, me enamoro de vos sin conocer lo mas grosso.

Rio1

15 febrero 2008

La crónica de Río iba a empezar mucho antes, con un deja vu enorme: ducha reconfortante y birra en el patio del hostel. Douglas, un cuarentón de Porto Alegre, que es un chabon que  esta como instalado en el hostel desde hace un tiempo se prende un porro. Pero bueno, pasaron algunas cosas en el medio, Douglas ahora se clava una línea en el medio del hostel y me ofrece una “sherada”, pero yo estoy encantando recorriendo la piel tersa de Lúcia.

El Hostel está copado por israelies. Andan por todos lados. En mi pieza somos cinco y yo. Se la pasan arreglandose el pelo y a la noche tienen una ceremonia sagrada en el patio. Uno empieza a calentar unos carbones y otro baja una pipa de un metro y medio y dos mangueras de soplado. Ahi se juntan un rato para fumar tabaco con sabor a banana y largan unas bocanadas gigantescas. Me convidaron, pero por las dudas dije no, andá a saber que le ponen estos pibes. Que te abran la gaseosa adelante tuyo.

Uno de ellos, el que menos cara de israeli tiene, me hizo unos trucos de cartas fantasticos. Yo debo haber puesto mi cara ante los magos: todo bien con los truquitos, pero no te pases de boludo, porque te re cago a trompadas. Igual no, estos pibes vienen todos de tres anos de servicio militar, calculo que el mago es capaz de cagarme a cachetazos mientras hace otros trucos para la comunidad hostelera.

Pegue buena onda con un alemán, creo que se llama Dominik (aca primero somos todos un pais y despues un nombre), en un rato me pasa a buscar para ir al Corcovado. Anoche Dominik me conto de su trabajo, es capo en una consultora de no se que cosa (en la quinta birra ya no me importaba demasiado si no pescaba alguna palabra de su ingles) y ahora estaba de yira por Rio. Se re calento cuando los israelies no quisieron share his joint (me encanta la palabra joint). Decia algo asi como “donde se ha visto que alguien no comparta un joint”. Tenes razon, Dominik, aunque tené en cuenta que por ahí los israelies tienen algun temita personal con vos y tu gente, porque a mi tabaco de banana si me convidaron.

Algunas breves del viaje. En el aeropuerto lo vi a Horacio Guarany. No existe en toda la paleta de colores de la naturaleza el tono que carga en el pelo Guarany.  Despues vole con Calamaro, su mujer y la hijita de ambos. Calamaro está como encerado todo el tiempo. Supongo que anios de merca te deben dejar asi, rigido. Me hizo acordar al Tati del Sol, al que vi en la escalera de Faustino en bahia. El era una parte mas de la escalera.