Archive for the ‘Tenis’ Category

regi

1 octubre 2008

Un día abrí LNP y la vi a Maria Cristina Liberti en una nota de una página en la que explicaba su rol en un grupo de profesionales que estudian el bullying, que es algo así como las jodas escolares. Digamos que las tradicionales cargadas que hacen los chicos ahora tienen ese nombre y hay gente que estudia las consecuencias que eso puede tener. La verdad es que enseguida uno se da cuenta que en la infancia hay jodas muy crueles y que está bien que alguien se dedique a frenar eso.

Enseguida me di cuenta que la foto estaba tomada en la casa de ellos, Santiago del Estero 524 (las chapitas en bahia dicen el nombre de la calle, acá en Buenos Aires sólo el número, para la calle hay que ir hasta la esquina), desde la puerta del consultorio de Cris, porque de fondo se veía el patio, a pesar de que las persianas estaban bajas. Sucece que las persianas en la casa de los Moralejo tenían las tablitas paralelas al piso (no horizontales, como casi todas) y dejan un hueco amplio que permiten ver hacia adentro. Ya que me acordé del 524 de la dirección también puedo agregar que el teléfono era 46778. Después le habrán agregado el 45, pero cuando yo lo discaba era así, 46778, una escalera imperfecta, dos sietes en lugar de un cinco

La de los Moralejo era una casa rara. De entrada nomás, esa escalera externa que conducía al consultorio de Cris, ese donde ahora sacaron esta foto, generaba una impresión distinta. Cris tenía el consultorio ahí mismo, en la casa. Pienso que debe estar muy bueno tener el consultorio ahi, tus libros, tus cosas, una forma de tener tu lugar en tu casa. El Toto también era profesional, ingeniero civil, lo que le permitía jugar de lateral izquierdo en la Liga de Profesionales y por supuesto llevar el cosito ese de cuero que usan los ingenieros para llevar lapices o lapiceras, pero no necesitaba oficina. Su oficina, su lugar, era el Taunus amarillo. En ese auto había desde un martillo neumático hasta el bolso de tenis.

Si entrabas a la casa un poco distraído te chocabas con el primer descanso de la escalera del interior, que era de madera, con dos o tres descansos más y huecos en la parte horizontal al piso (no sé si está muy claro esto último, debería preguntarle a la hermana de Regi, que es arquitecta y trabajó con César Pelli, eso dicen las viejas chusmas de Bahía, que ni saben quién es Pelli).

La casa tenía algunos ambientes muy frios, como ese living enorme, con desnivel en la zona donde estaba el equipo de música. Ahi escuché por primera vez Achtung Baby de U2, y ya que estoy lo voy a poner así termino de escribir esto con eso de fondo. También me acuerdo de haber escuchado ahí Are you gonna go my way, de Lenny Kravitz. Los discos eran del hermano mayor de Regi, Juani. Supongo que tener hermanos mayores varones te permite accecer más facil a cierta música.

También había otros ambientes super cálidos, como la cocina (dos puertas vaivén, una casi no se usaba), donde tomábamos la leche cuando volvíamos del club. Nunca supe bien cómo la preparaban, creo que calentaban la leche y le ponían el saquito a eso. O sea era un te de leche, no de agua, delicioso para combatir el frío bahiense. Eso y tostadas con manteca y miel, miles. De ahí seguiamos para el patio, porque a Regi la energía no se le acababa nunca. Quizás ya habiamos jugado siete horas en el club pero no importaba, el tipo enfilaba para el patio (piso de laja) y haciamos un basquet, un aro con un diámetro muy chiquito que requería mucha precisión. También había un quincho, al que no creo haber entrado nunca y una pileta de plástico (no estoy muy seguro de esto último).

Vuelvo a la foto, Cris Moralejo está sonriendo, como siempre, y supongo que el fotógrafo le habrá pedido que pare de hablar un segundo, porque la recuerdo como una máquina de hablar y, sobre todo, de adjetivar. Cris me adora porque cuando Regi se unió a la escuela 7, en cuarto grado, yo le dije que se sentara conmigo, porque lo conocía del club. Digamos que lo integré al resto del grado. No recuerdo haberme esforzado para hacer eso, decir, bueno, voy a tratar que el muñeco este pegue onda con el resto de la banda de forajidos. Son cosas que te salen naturalmente, sin pensarlo demasiado, pero que evidentemente pegaron mucho en esa madre, ya que al día de hoy todavía me lo recuerda cada vez que la cruzo, y eso que fue a principios del ciclo lectivo de 1989. Claro, esta es justo una madre que estudia el bullying y yo con su hijo menor hice todo lo contrario, jugando un poco pedorramente con las palabras digamos que le hice backing, o más pedorrramente aún, le hice vacking.

En realidad hay tipos que tienen una fuerza superior, como Regi, al que no hay necesidad de respaldar, por más que tuviera 9 años o pesara 22 kilos. Me acuerdo de un partido imposible que ganó en la Copa Prince, cancha tres, contra un pibe de Neuquén, muy superior a Regi. Pero bueno, el enano le devolvió tres millones de pelotas, el tipo se volvió loco y perdió. Tan caliente estaba el pibe este que en un momento revoleó un pelotazo y la mandó hasta el estanque, pasó de aire las canchas 5 y 6. Ese día Regi boludeó un set entero con un perro siberiano que le habían regalado (creo que era su cumpleaños) y lo terminó ganando en el tercero. No sé que habrá pasado con el perro, con el Taunus o si la pileta estaba en ese patio o me la imaginé. Pero sí estoy seguro que si hizo frío el periodista de LNP se tomó un té de los mejores en lo de Cris Liberti.

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Alan Gaudio*

3 enero 2008

Nunca fui un playboy. Me di cuenta muy pronto de que no iba a serlo, en particular cuando veía a aquellos playboys de mi niñez y de mi adolescencia que se movían por la Costa Azul. ¿La razón? La misma por la que supe que nunca iba a jugar al tenis profesionalmente: no tenía chip ganador, no me interesaba el triunfo. O porque tenía pasta de perdedor. Para ser un Don Juan o un deportista de competición, se necesita una especie de instinto de aniquilación: yo o yo. Y creo que nunca tuve eso. Además, no me interesan los muchos objetos. Siempre preferí quedarme con una mujer e ir hasta el fondo. Ese fue siempre mi camino.

Alan Pauls, lo dice acá 

*La otra opción de título daba Gastón Pauls, y no daba.

jueves

14 diciembre 2007

Ayer, después de unos diez o doce años, volví a ver a Diego Alvarez, un bahiense que juega al tenis y que está 422 puestos más abajo que Roger Federer. Él vive en Italia y estaba recién llegado, via msn arreglamos para vernos y, como yo tenía unos tickets para ver la Copa Peugeot, nos encontramos en el Buenos Aires Lawn Tennis. Saludó a un par de colegas y, mientras en la cancha Mónaco y Massú cambiaban golpe por golpe, hablamos de Contreras, de Los Giuliano (Los Soprano, dijo; me recomendaron esa serie pero aún no me animo), Reggie Moralejo, los Lejarraga, Carlitos Guerrieri y de un montón de otros bizarros del club. En el intervalo, fuimos por unos patys completos y después vimos Nalbandian-Horna. Yo destaqué la mano que tiene Nalbi para el revés, él me dijo “mirale los apoyos”. Y era verdad nomás, pega siempre bien plantado David. Así que ahora cada vez que vea tenis voy a ver “los apoyos”. También me gustó otra palabra que dijo Diego, no sé si era enroscado, atrancando, enredado, algo así… Sucede que después fui a buscar a los muchachos de LMELC (mis compañeros de futbol del sabado al mediodía) y tomamos unos drinks en Bangalore (best gin tonic in BA) y en Carnal, todo hasta las 4.30.

Y para el final, la buena acción del día: tres chicos pelo platino no consiguen taxi para ir a Amerika que barbaridad por dios como discriminan los taxistas nos llevan chicos mmmm no sé todo el auto ploteado ese es una mina los otros dos no pero el del medio es una mina no boludo son trabas vuelta a la manzana suben chicas claro que las llevamos dialogos imperdibles sheraton o constitución birra o champan ahí siempre firmes junto al pueblo es lo que hablabamos antes porque siempre nos pasa esto y menos mal que arrancaste era para hacer un quilombo pero menos mal que no entramos porque sino…

Lorna

30 octubre 2007

“Hay quizá sólo algo más intenso en el tenis que un tanto muy disputado y son justamente estos peloteos iniciales desde la base, donde se trata, inversamente, de sostener la pelota, de mantenerla en juego el mayor tiempo posible. Lorna era admirablemente segura en sus dos golpes y resistía y se amurallaba contra las líneas hasta que podía ganar el espacio suficiente para perfilarse otra vez de drive y contraatacar desde el rincón con un golpe esquinado.

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