Archive for the ‘Viajes’ Category

motos

15 diciembre 2009

Sentado en la vereda del Café de la Letras, en la calle principal de Pergamino (que no se llama ni San Martín, ni Belgrano ni Sarmiento; la calle principal de Pergamino se llama Julio A. Roca y me pregunto si eso dirá algo eso de la ciudad), mi cerveza baja a un ritmo constante. Son las 5 de la tarde y de a poco empieza a aparecer toda la gente que estaba durmiendo la siesta (o sea, todo Pergamino menos el fotógrafo y yo, que hubiéramos dormido de no habernos levantado a las 12 del mediodía).

Hay una relación aritmética entre la curva de descenso de mi cerveza, la siesta y el calor insoportable que hizo hoy acá. Como no entiendo del todo cómo construir esa relación (aunque sé que existe) me entretengo mirando las motos que van y vienen. Lo primero que pienso es que seguro se venden más motos que cascos. Es más, el doble de motos que de cascos. No usar casco es una locura, aunque también pienso que lo más lindo de andar en moto debe ser el viento sacandote lágrimas de los ojos. Entre todas las motos que vi, una me pareció familiar. De motos nunca supe demasiado, pero esa  que iba y venía era inconfundiblemente una Honda Dax. Teminé por entender que ahora hay Hondas Dax con nuevo diseño, mas o menos como hizo MINI con el MINI y el Escarabajo con el Escarabajo. 

En una de esas Dax que vi pasar, no iba un pergaminense sin casco, sino que el que la manejaba era el Gordo Mayer con la campera cacique roja (roja es un decir, es lo que queda después del rojo y antes del gris), paseando por Pergamino en una calle que ya no era Roca sino que era Cerrito (o Kennedy o Reconquista) y estaba yendo a una heladería que no era más el Café de las Letras sino que le habían puesto Oso Rojo.

Mientras pensaba todo esto me llamaron del diario y me preguntaron por los Pomar. Yo estaba confundido por la nostalgia, pero una buena manera de confundir las cosas es disfrazarse de policía bonaerense. Les dije que no había visto a nadie, pero que por acá en Pergamino andaban miles de fantasmas a bordo de motos Honda Dax y que seguro tenían que ver con la desaparición de la familia. No volvieron a joder.

Cuando el último pergaminense dejó de dormir la siesta, se levantó un viento fresco (o quizás fue al revés, el viento fresco despertó al último siestero) y yo me terminé la cerveza, porque ya no estaba para andar en ojotas. Después me guardé en el hotel, como casi todos los días, pensando en que los chinos deberían inventar unos cascos transparentes, que protejan en caso de caída, pero que dejen al motociclista la sensación del viento pegando sobre la cara.

título

4 diciembre 2009

Y cuál sería el título?… No sé el título, yo te voy a escribir algo lindo para leer… Pero el título… No sé, ponéle así “Algo lindo para leer hoy y para envolver huevos mañana”… No, no, chiquito, no sirve… Ah… “Creció el río un 30%”, “No creció el río un 30%”, “El 30% de los evacuados vivía cerca del río”, algo así entendés… Sí, entiendo, pero esto que te mando no tiene nada que ver. Son historias de gente que tiene las patas en el agua… Aha, y el título cuál sería corazoncito… No sé, son historias para leer, escritas con mucho amor por las letras… No te va: “9 de cada 10 notas que hago están escritas con amor por las letras”… No, no, estadísticas no. Además si vamos a los números puedo tener épocas de 1 de cada 10 y épocas de 10 de 10… Un título, algo llamativo…. Poné entonces “Pija culo teta lesbianas Ricardo Fort”… ¿Me estás cargando?… Mmm, no sé. ¿Estamos teniendo esta conversación realmente?… (silencio)… (respondo con silencio)…Bueno amor, fijate… Dale, yo me pongo a escribir porque sino se me escapa por el DirecTV la miseria que acabo de ver. Yo después te mando y vos después ponele un título cualquiera,  que para eso te pagan el sueldo… ¿Me estás cargando?… ¿Estamos teniendo esta conversación realmente?

weird fishes/arpeggi

15 julio 2009

La primera viola arranca a los siete segundos, luego de una vocecita de Yorke. Arranca y sigue y sigue y sigue. Va bastante al palo el tema, en un buen ritmo, como para caminar rápido entre la gente.
A los 27 segundos aparece otra viola, que va por abajo, metiéndose en un entramado de guitarras que pronto se nos volverá un poco incómodo.
Se arma como un colchón de violas, hay una en el oído izquierdo, y la que empezó al principio sigue al palo arriba de las otras.
Y de golpe, 58 segundos, entra Yorke y te eriza la piel.
In the deepest ocean/the bottom of the sea/your eyes/they turn me. Es un comienzo fantástico, frases hermosas que uno las hace propias porque puede.
Creo que ahí en un ratito más se suma otra viola cuando canta “Why should i stay here/why should i stay…” Ya no sé cuantas hay pero igual funciona.
Minuto cuarenta y pico y ya hay demasiadas violas sonando. Lo mágico es que el ritmo del principio ya se convirtió en otra cosa, no estamos escuchando una canción para pelearle al microcentro, sino que estamos solos, inundados de tristeza y desesperanza. A mi me viene todo el tiempo esa palabra: desesperanza. Uno no puede sentir más que desesperanza, entre todas esas violas que forman un entramado mágico. Todo eso que nos sucede es triste y también un poco masoquista, porque lo estamos disfrutando. Estamos disfrutando la voz de Yorke, las violas que van cada una por su lado, pero que juntas funcionan a la perfección. De fondo, por si hiciera falta algo más en segundo plano, están los desgarradores gritos del violero, (el primero a los dos minutos 16).
Y de golpe, a los tres minutos y tres segundos, un salto al vacio, una sensación de nada, caída libre… “I get eaten by the Worms, weird fishes, sonidos como de cristales que pegan entre sí, la voz de Yorke que nos mete en otra cosa, la sensación inmensa de la desesperanza (otra vez, siempre, para siempre) y la desolación, sonidos que te amenazan y te dan frío y la canción que empieza a diluirse, mientras seguís moviendo la cabeza porque la batería que estuvo desde el primer segundo se fue un ratito pero te vuelve a llevar al palo, a caminar más rápido, a esquivar la mierda que esta en la calle. Es la canción de un videojuego de autos en el momento en que te subís a la vereda. Y termina así, de una, cuando ya estás necesitando otra cosa. Game Over.

Irlanda

11 julio 2009
http://www.divshare.com/download/7887073-3f6

Me gusta esta canción, por oscura y emotiva.

Update: hace meses que quiero poner música acá. Y ahora que pensé que lo había logrado, este coso no anda.

soma

1 junio 2009

Soma. Me gusta. Suena bien. Es simple, compacto, sonoro, contundente, sofisticado. ¿Pero qué es? Hay varias definiciones. En griego, soma es cuerpo. En Soma está el mausoleo donde fue enterrado Alejandro Magno. Soma es también un tipo de harina gruesa y la sigla del Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias. Soma es una canción de los Smashing Pumpkins y también otra de The Strokes. Es el Dios de la Luna en la mitología hindú y el nombre de un club nocturno de la Capital. Soma es todo eso y también es la droga que aparece en la novela “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley. Los protagonistas tomaban soma para evitar la tristeza, la angustia y la desesperanza. “Tiene todas las ventajas del cristianismo y del alcohol, pero sin sus efectos secundarios”, escribió Huxley. En sus manos, hay una nueva definición para soma: es un producto realizado por los alumnos del seminario de revista de la Maestría en Periodismo que dan el diario Clarín y la Universidad de San Andrés. En la novela, un gramo de soma era suficiente para curar diez sentimientos melancólicos. No hay garantías de que una dosis completa de Soma (48 páginas de periodismo, investigación, entrevistas, humor, deportes, sexo, música, religión, literatura) tenga efectos sanadores. Pero sí tenemos la certeza de que en Soma hay historias de felicidad y de tristeza, de muerte y de resurrección, de locura y de sexo. Buen viaje.

Editorial de la Revista Soma que publicamos con los muchachos y muchachas de la maestría, en diciembre de 2008.

áfrica

28 mayo 2009

¿Querés ir? Naaaa.

shangai4

26 abril 2009

Hoy fuimos a visitar la torre de la televisión china. Es el tercer edificio más alto de Asia. En la entrada hay un cartel que dice: “The raggamuffin, drunken people and psycothics are forbidden to enter the tower”. De los borrachos y los psicóticos no me extraña, pero me llama la atención el uso de la palabra raggamuffin, no sé literalmente qué significa pero me suena más a jamaiquino fuma chala que a adicto a las drogas duras. Cuestión que si estás en ese grupo, ya sabés. Ascendimos primero hasta los 90 metros y después en otro elevador hasta 263 metros. La vista era, por supuesto, magnífica. No sé si era mi cagazo o qué, pero para mi que la torre se movía un poco. Yo pensaba todo el tiempo qué pasaba si se rompía el ascensor. Ahí arriba el mix se dividía en: 50% de chinos-PAMI (con gorritas de colores según el grupo), había unos cuantos militares, muchos de ellos muy jóvenes, y con unos trajes verdes hermosos, después chinos en general y muy poquitos no chinos, como el uruguayo Luis Ventura y yo. Con nosotros también estaba Miguel, que entraría en la categoría chinos que hablan español. Bueno, si el ascensor se rompía yo estaba convencido que no iba a dejar pasar a nadie y que iba a pisar a cuanto chinito se me cruzara. El pánico es una cosa y la moral es otra.

Después volvimos a los 90 metros y ahí estuvimos un buen rato, mientras Ventura filmaba unas cosas para su programa. Yo me quedé esperando; corría una brisa muy agradable (la temperatura debía estar por los 20 grados) y era uno de esos momentos en los que envidio a los fumadores. Estaba para prenderse un pucho y ponerse a pensar en nada (nunca se piensa en nada, cuando uno dice que piensa en nada en realidad está pensando cosas mucho más importantes que las que piensa a diario).

La entrada a la torre incluía una entrada al museo que está en el primer subsuelo. Al principio pensé que era una especie de bonus track, pero nada de eso. En la entrada nomás me quedé mirando una foto hermosa, de principios del siglo 20. Era una toma del hipódromo, una foto para mirar horas, llena de caras y de detalles, con chinos e inmigrantes británicos en dosis similares. Me acordé de mi viejo. Los viajes tienen eso: uno siente todo el tiempo la presencia de los que quiere. En cada detalle, en cada cosa hay algo para compartir. Yo sentí eso hoy, en cada paso del museo, que terminó siendo mucho más que un bonus track.

A la vuelta me vine caminando. Entre tanta atención y hospitalidad que me dan Miguel y Aimar en este viaje, hacía rato que no andaba solo. Así que anduve solo un rato y me dieron ganas de llorar. El llanto también puede ser algo hermoso. No concibo la ecuación llanto=tristeza. Hoy mientras caminaba por Shangai me sentí enormemente vivo y ese llanto (pequeño, íntimo) eran muchas sensaciones y cosas a la vez. También me hubiera prendido un pucho.

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21 abril 2009

Estoy con la palabra Aimar todo el tiempo en mi cabeza. Ayer estuve pensando…

¿Aimar Centeno, el que ganó el reality de futbol que conducía Pergolini, no debería ya estar en la primera del Real Madrid?

Ya que hablé de fútbol, amplio un poco y les cuento de la tele. Hay miles de canales bizarros. Ayer, por ejemplo, me colgué viendo un concurso en donde los chinitos tenían que resolver el cubo mágico con los ojos vendados. Pensé que alguno iba a poder, pero sucedió lo más lógico, que ninguno resolvió ni una cara. Otro canal pasa todo el tiempo la liga inglesa de fútbol. Ahora están repitiendo todo el tiempo el 4-4 de Chelsea Liverpool y también dan uno viejo de Chelsea Arsenal por la FA Cup. Ese mismo canal está puesto las 24 horas en el lobby, en una pantalla de 290 pulgadas.

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21 abril 2009

Hola Diego, como te sientes? Estás más recuperado de tu salud. Estoy más recuperado, le digo a Miguel. Y nos vamos junto a todo el grupo a recorrer el salón del automóvil. Miguel y Aimar nos siguen a todos lados. Yo los aprovecho, les pido que me gestionen algún material o que me den una mano para anotar los nuevos modelos. Pero alguien con menos paciencia ya los hubiera mandado a cagar. Con Miguel ya estoy entendiendo su teoría del sí. Si dice “ah, si si” es porque no me entendió. Más de dos si es entendimiento. Y muchos si (hasta seis llegué a contar) es complicidad pura.
Hoy me contó que había visto dos peliculas argentinas. En las dos actuaba “Ricardo Talín” (cada vez que lo decía me resultaba más gracioso). Una era “El hijo…” “El hijo de la novia”, lo ayudé (miguel habla pausado y yo tengo la manía de ir completándole la frase. Pero él, para practicar o de puro obstinado, igual lo termina decir). Y dijo “si, si, si”. Y después me dijo que la otra que vio es una que “Ricardo Talín” (yo ahí ya miré para otro lado) tiene un chico que también es chica. “XXY” “Oh, si si si si si si si”. Después cuando volvíamos en el bondi con otros periodistas yo me puse a pensar qué habrá pensado Miguel en la escena que Inés Efrón se garcha a Martín Piroyansky. Mejor no le pregunto nada porque me va a decir “ah, si si”

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20 abril 2009

Entre todos los preparativos para el viaje pensé en los libros. No sabía si traer uno largo o dos o tres cortitos. Finalmente traje estos: After Dark, de Haruki Murakami; Bajo este sol tremendo, de Carlos Busqued; y El que tiene sed, de Abelardo Castillo. Y en el primer tramo del viaje (Buenos Aires Frankfurt) noté que podían ordenarse: madrugada, sol tremendo, sed. En ese orden voy, con mas de medio libro leído en el primer tramo Buenos Aires Frankfurt. Una foto hermosa me sirve de señalador, aunque mas que señalador es mi zanahoria. La voy poniendo adelante, cada diez páginas, porque quiero encontrarme con esa sonrisa inolvidable y esos pelos desordenados. En el primer tramo ya viajé con muchos chinos. No quiero ni pensar como será el tramo Frankfurt Shangai. Se sentaron dos al lado mio. Cenaron con cerveza y para el desayuno uno pidió más cerveza (porrón de Warsteiner) y el otro pidió whisky. El azafato de Lufthansa lo miró con cara de asco y le dijo que no podía darle. Ahora estoy esperando que asignen la puerta de embarque del segundo vuelo. Es la terminal B, pero de la 1 a la 20 es para un lado y de la 21 a la 62 es otro. Ojalá sea entre la 21 y la 62 porque estoy bien cerca.

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El segundo tramo del vuelo (Frankfurt-Shangai) me mató. Agarré fiebre a la altura de Moscú (lo ví por la pantallita) y seguí igual hasta llegar a Shangai. Me recibió Miguel, un chino que trabaja para Chery y que va a ser mi stopper durante mi estadía. Miguel se llama Xuntao, pero acá los chinos se pueden elegir un nombre. El colega de Miguel que se ocupa del periodista uruguayo (clon de Luis Ventura) y del periodista chileno se llama Aimar. Se puso Aimar, como el jugador, porque lo admira. O sea, te podes poner cualquier nombre, no hace falta que sea nombre. Te podés poner Busnelli, Arruabarrena o Recuerdos de Constantinopla (recopla para los amigos). En Buenos Aires, cuando Miguel me escribía contándome lo que ibamos a hacer acá en China me parecía fantástico esto del cambio de nombre. Cuando conocí a Aimar, Miguel me pareció un poco aburrido.

Miguel habla bastante bien español, aunque muchas veces no nos entendemos. Por ejemplo, cuando me dice “si, si” yo me doy cuenta de que no me entendió nada. En la cena de bienvenida, mientras el presidente de Chery nos daba la bienvenida en un inglés horrendo, le pedí por favor que me fuera a comprar un remedio. Me sentía muy mal y quería teletransportarme a mi casa de Alvarado 576 para que mi mamá me pusiera paños de agua helada en la frente y en el vientre. En China llovía como si nunca hubiera llovido y Miguel se empapó para comprarme unas pastillas marrones: dos comprimidos cada ocho horas. Ojalá peguen.