Archive for the ‘Viento sur’ Category

borja

21 abril 2010

Un Ford Fiesta blanco fue lo único positivo que le quedó a mi amigo el Borja luego de una serie de tragedias personales. Después de esos ingratos sucesos, volvimos a vernos con más frecuencia (eso también podría considerarse algo positivo).  Corría el año 98  y por esa época, salir a dar vueltas en el CCA 154 (esa era la patente) era lo que hacíamos casi todas las tardes. Hacíamos 80 o 100 kilometros por la ciudad. No me acuerdo si la nafta era cara o barata, pero en realidad lo importante era perder el tiempo, gastar de a poco el tanque de combustible y contaminar la tarde todo lo que pudiéramos. Ibamos a Palihue y a los otros barrios chetos de Bahía, y pasábamos por la casa de las minas que nos gustaban. Eso era coger para nosotros: pasar por la puerta de la casa y hablar del culo de ésta o de las tetas de aquella. Una forma de hablar que nunca pude repetir en mi vida, con una transmisión casi en simultáneo de mis palabras dentro de mi cabeza, como si el cerebro funcionara como un proyector y la parte interna de mi frente fuera la pantalla en donde se reproducían las imágenes.

En el auto escuchábamos la música que provenía de esas cajitas plásticas con cinta en su interior, que en el siglo pasado eran conocidas como cassettes (con doble ese y doble t). El Borja es hijo único y yo no tuve hermanos mayores, con lo cual los dos éramos huérfanos musicales. Yo apenas si había escuchado algo gracias a mi primo. Me acuerdo de Acariciando lo Aspero, de Divididos, que me habia gustado mucho, con lo cual deberíamos suponer que era un buen escucha en potencia (pienso en ese disco, grabado seguramente en un estudio pedorro, con poco presupuesto y producción, y me rio de los que cuando hablan de su disco lo primero que dicen es que lo grabaron en New York, en Miami o en Londres). También me había prestado algo de Talking Heads, y cuando mi primo me preguntó le dije que me había gustado, aunque ni lo había escuchado. Eso da la pauta de lo nabo que era.

Por todo eso que conté es que no sé cómo llegó a mis manos un cassette de Led Zeppelin. Una tarde, ni bien salimos de Alvarado al 500, pusimos play. En los estéreos viejos, el cassette era chupado de una forma casi violenta, con un sonido mecánico y brusco que hoy produce nostalgia frente a la tímida forma de ingresar del CD y al inclasificable arranque que tiene un dispositivo como el Ipod.

Los primeros dos temas de Zeppelin IV no fallan.  Black Dog alterna la voz de Plant (Hey, hey, mama, said the way you move, gonna make you sweat, gonna make you groove) con un riff de la guitarra de Page que es como un rayo que atraviesa la canción. Después viene Rock&Roll, que no puede sonar mejor. Haber bautizado ese tema con un genérico es una genialidad: porque Rock&Roll, como canción, es todo lo que debe ser el Rock&Roll, como género. El tema tres (The Battle of Evermore) no nos gustó, claro que a esa altura de nuestras vidas no consumíamos drogas y no podíamos terminar de enganchar toda esa cosa lisérgica que hoy sí puedo disfrutar.

Llegamos al cuarto tema. El Borja siempre tuvo poca paciencia, y si se enteraba de que la canción duraba 8 minutos, la hubiera sacado inmediatamente.

El cuarto tema de Led Zeppelin IV es Stairway to Heaven.

Empezó la canción y nos quedamos callados. A los 2.15 Page dice el primer “uhhhh, makes me wonder” y en ese auto no había otra cosa que silencio. Hoy pienso que tendría que haberme prendido un pucho, tendría que haber empezado a fumar en ese mismo momento, aspirar todo el humo aquella tarde mientras mi mano jugaba con el viento. Ya no estábamos en Palihue ni persiguiendo a alguna mina. Eramos dos amigos escuchando una de las canciones más maravillosas de la historia. Eramos dos amigos en silencio, con la cabeza completamente atravesada por la soledad, el sexo, la muerte, la amistad, la desesperanza y la música. Con la angustia de seguir esperando, de nunca saber cuando mierda iba a empezar a cambiar de una vez por todas todo eso que nos estaba pasando.

La batería entra a los 4.18 y a esa altura no podíamos disimular lo que nos estaba generando esa puta cancion. Después vino el solo de guitarra de Page, la última estrofa de la canción y siguieron otros temas maravillosos, como Misty Mountain Hop o Four Sticks. En algún momento volvimos a hablar y nada más volvió a interrumpirnos. Ni siquiera el sonido mecánico del estéreo, que anunció el final del cassette y, también, que algo había cambiado para siempre en nuestras vidas.

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motos

15 diciembre 2009

Sentado en la vereda del Café de la Letras, en la calle principal de Pergamino (que no se llama ni San Martín, ni Belgrano ni Sarmiento; la calle principal de Pergamino se llama Julio A. Roca y me pregunto si eso dirá algo eso de la ciudad), mi cerveza baja a un ritmo constante. Son las 5 de la tarde y de a poco empieza a aparecer toda la gente que estaba durmiendo la siesta (o sea, todo Pergamino menos el fotógrafo y yo, que hubiéramos dormido de no habernos levantado a las 12 del mediodía).

Hay una relación aritmética entre la curva de descenso de mi cerveza, la siesta y el calor insoportable que hizo hoy acá. Como no entiendo del todo cómo construir esa relación (aunque sé que existe) me entretengo mirando las motos que van y vienen. Lo primero que pienso es que seguro se venden más motos que cascos. Es más, el doble de motos que de cascos. No usar casco es una locura, aunque también pienso que lo más lindo de andar en moto debe ser el viento sacandote lágrimas de los ojos. Entre todas las motos que vi, una me pareció familiar. De motos nunca supe demasiado, pero esa  que iba y venía era inconfundiblemente una Honda Dax. Teminé por entender que ahora hay Hondas Dax con nuevo diseño, mas o menos como hizo MINI con el MINI y el Escarabajo con el Escarabajo. 

En una de esas Dax que vi pasar, no iba un pergaminense sin casco, sino que el que la manejaba era el Gordo Mayer con la campera cacique roja (roja es un decir, es lo que queda después del rojo y antes del gris), paseando por Pergamino en una calle que ya no era Roca sino que era Cerrito (o Kennedy o Reconquista) y estaba yendo a una heladería que no era más el Café de las Letras sino que le habían puesto Oso Rojo.

Mientras pensaba todo esto me llamaron del diario y me preguntaron por los Pomar. Yo estaba confundido por la nostalgia, pero una buena manera de confundir las cosas es disfrazarse de policía bonaerense. Les dije que no había visto a nadie, pero que por acá en Pergamino andaban miles de fantasmas a bordo de motos Honda Dax y que seguro tenían que ver con la desaparición de la familia. No volvieron a joder.

Cuando el último pergaminense dejó de dormir la siesta, se levantó un viento fresco (o quizás fue al revés, el viento fresco despertó al último siestero) y yo me terminé la cerveza, porque ya no estaba para andar en ojotas. Después me guardé en el hotel, como casi todos los días, pensando en que los chinos deberían inventar unos cascos transparentes, que protejan en caso de caída, pero que dejen al motociclista la sensación del viento pegando sobre la cara.

fronddoso

12 octubre 2009

Querida Familia

Como casi todos Uds. ya saben, el lunes 12 de Octubre de 2009 haremos un encuentro con todos los descendientes de Henry Veitch Geddes y Margaret Shepherd Riddel, quienes, a través de su descendencia formaron esta familia que hoy se encuentra ditribuída por toda la República Argentina y algunos han vuelto a Escocia o se han radicado en otros lugares del mundo.
De esa pareja original nacieron en la Argentina seis hijos, de los cuales tres fallecieron muy jovenes y los otros tres formaron las familias de las cuales todos nosotros descendemos: James (Diego) Geddes (& Henriqueta María Jacobs), Henry William Geddes (& Mary Ann Campbell) y Norman Morrison Geddes (& Ethel Louise Moore).
Hace algunos años, descendientes de cada una de las tres ramas desarrollamos la idea de formar el árbol genealógico de la familia debido al hecho de que cuando nos encontrábamos con alguien cuyo apellido se escribía igual (sin u y con doble d), y además era simpático, debía ser pariente mío, y allí comenzaba la tarea de bajar del árbol hasta descubrir dónde estaba la raíz.
Comenzamos entonces a recopilar datos de toda nuestra familia, cercana y lejana, y hoy, al cabo de varios años de investigar y apelando a ese bien cada día más escaso que es la memoria, hemos logrado conformar un frondosísimo árbol al que todos los días se le agrega algún nuevo integrante, sin contar a aquellos que se encuentran en estado embrionario y forman parte del “aún”.
La idea original fue -obvio ¿o no somos argentinos?- un almuerzo o cena, pero encontrándonos con la dispersión geográfica de nuestro país, la idea se hacía cada vez más difícil.
Finalmente, convencidos de que siendo la peor gestión aquella que no se emprende, decidimos reservar un lugar, organizar un asado y convocar a todo aquel que tenga ganas de conocer a sus parientes y disponga de algo de tiempo para juntarnos en una: “Reunión de los Geddes”, “Gathering Of The Clan” o “Primer Gran Encuentro Nacional de la Familia Geddes, Descendientes y Familias Conectadas” o como quieran llamarlo, ¡PERO JUNTARNOS!
La cita es en:
BELGRANO ATHLETIC CLUB
VIRREY DEL PINO 3456
CIUDAD DE BUENOS AIRES
Lunes 12 de Octubre de 2009, 12 hs.

Tenemos pensado incluir un tablero con el árbol genealógico donde Uds. podrán hacer las correcciones pertinentes y otro con fotos grupales y datos de interés que ya tenemos y aquellos que Uds. traigan o nos envíen por E-mail. Màs adelante, al incorporarle los agregados y modificaciones, buscaremos la forma de que todos puedan acceder a este documento.

Por cuestiones de organización, y si bien ya sabemos quienes van a concurrir en su mayoría, rogamos confirmar su presencia y datos del depósito a las direcciones o teléfonos que figuran al pie citando los nombres completos, para confeccionar con anticipación su identificación y distinguir su ubicación en cada una de las tres ramas familiares.

Agradeciendo desde ya vuestra presencia y colaboraciòn, nos depedimos hasta el 12 de octubre.
Los anfitriones.

fichas

2 octubre 2009

Estoy leyendo la novela “La mirada del ciervo”, del escritor bahiense Fernando Monacelli. En mi biblioteca los libros están por orden alfabético, pero ya esoy pensando en una minisección Bahía Blanca, porque se me han juntado unos cuantos títulos: dos de Luis Sagasti, dos de Sonia Budassi, uno de Ignacio Molina y ahora Monacelli.
En la novela, el personaje de Sofía anota los momentos felices de su vida en una ficha, para leerlos antes de ir a dormir y no tener pesadillas.

En la plaza. (1955) Era un domingo papá y yo solos, jugando en las hamacas. Volvimos de la mano cuando ya casi era de noche.

Yo tuve ganas de arrancar con mis fichas hoy, mientras caminaba a contramano por el carril central de la 9 de Julio, con auriculares que tapaban miles de puteadas por la manifestación.

update: acabo de ver “Los Mares de la Luna”, de Luis Sagasti, a 5 pesos. En Corrientes casi Talcahuano, mano derecha.

periodismo

29 junio 2009

El diario del lunes

david

24 febrero 2009

David me mira y me pregunta si voy a ir a Escocia a visitarlo. Digo que i hope so y me quedo viendo su cara, mientras me explica algunos detalles de Braemar, donde él vive, unos 90 kilómetros al oeste de Aberdeen. Tomamos una Quilmes primero (él en vaso, yo del pico) y Nora prepara la picada: jamón crudo, tomates secos, paté traído desde Chile y unas cebollitas confitadas.

David me habla muy suave, con una cadencia y una delicadeza que por momentos me aburre. Me cuenta de su viaje al Perito Moreno, a Ushuaia (lo pronuncia con “sh”) y Puerto Montt. Mi inglés sigue acartonado y apenas me alcanza para conversaciones mínimas. Me pregunto que hago ahí, con un primo que apenas conozco y que no sé si quiero. Soy una escala más en su interminable city tour de parientes.

Estar con David me provoca una extraña clase de aburrimiento: algo de él me parece cercano. Su cara es parecida a la de mi padre, aunque no logro darme cuenta si son los ojos (más precisamente si es el color de los ojos, si es la forma de los ojos, si es el brillo de los ojos…). Es parecido a mí y a todos en mi familia, pero sin la parte en la que hablamos a los gritos y nos puteamos por cualquier cosa.

Ya tomamos las Quilmes, ya comimos pizza con un San Felipe que compró el agasajado (me encanta la pizza con vino tinto) y ya tuvimos ananá con brandy de postre. La sobremesa dura poco. Nora me regala un Bianchi DOC Cabernet y unos mariscos que me trajo de Chile. También me da monedas para el bondi y baja a abrirme. Antes, me despido de David con una emoción difícil de describir. Con un inglés más blando (tres tipos de bebidas alcohólicas en menos de tres horas; pudieron haber sido cuatro con el Jameson que estaba ahí dando vueltas) le digo que voy a ir a visitarlo, a más tardar en 2010.

En la esquina de Coronel Diaz y Honduras me doy cuenta: es la forma en que los ojos están insertos en la cara. Me resulta tan inexplicable como real. David y Roberto pasaron por la misma línea de montaje de ojos. Recién ahí vuelvo a sentirme en Buenos Aires. En la calle hay basura por todos lados (conflicto gremial) y un nene de un metro, sin remera, se toma un helado de dulce de leche.

llanto

12 febrero 2009

El otro día iba con la ventanilla abierta del auto y se metió un llanto. Entró por mi oreja izquierda y, media cuadra más tarde, ya estaba en todo mi cuerpo: el llanto eran espasmos en el pecho, escalofríos en los pies y en los brazos y, por supuesto, una inundación en mi cara.

Tuve que determe en medio de la calle. Sentí los bocinazos de un taxista y, cuando se me puso a la par, lo miré a los ojos antes de que empezara a putearme. Así, con cada uno de los que venía y me hacía luces. Creo que de a poco les fui pasando el llanto.

Ahora ya no bajo las ventanillas (digo que es para que no se vaya el aire acondicionado) y ando mucho más tranquilo. Pero hoy me pasó de nuevo. Se ve que entró por los difusores del aire acondicionado, y por eso fue directo a mi cara. Esta vez estaba solo, en medio del campo, así que no tuve más remedio que seguir adelante y quedarme yo con esa sensación de desahogo. Después de todo, no hay nada mejor que estar al volante cuando pasa la lluvia.

navidad

26 diciembre 2008

Lucía (27) se pinta las uñas antes de salir, Cutex rojo carmín.
Paula (28) busca Sertal para Mónica (45), encuentra clonazepan y pregunta si es lo mismo
Mónica (45) se descompone y vomita, no quiere que Joaquina (8) la vea así.
Máximo (6) descubre que Papá Noel es Juan Pablo (30), también descubre el amor cuando la ve a Joaquina (8).
Blanca (97) intenta sacarse una cascarita de la palma de la mano, todos pensamos que es la última.
Diego (28) anota cosas en unos papelitos, la sonrisa no se le borra.

botellero

10 noviembre 2008

Dicen que la leyenda del Botellero Invisible empezó en Berazachussetts. Los vecinos de ese barrio juraban que cada día, a eso de las tres de la tarde, se empezaba a escuchar la voz del Botellero Invisible, amplificada a través de un viejo parlante. Pero nadie podía verlo. La gente despertaba de la siesta y salía a la vereda, y la voz y el traqueteo de las herraduras del caballo que empujaba su carro ya se oía bien lejos. Las viejas del barrio, todavía atontadas por el sueño de la tarde, lo esperaban en la vereda, con sus botellas, sus televisores viejos y con cualquier otra chatarra que tuvieran para regalar, pero al final se quedaban con todos los cacharros en la puerta de la casa.

En Ezpeletown pensaban que era un chistoso que se dedicaba a molestar a los vecinos con un viejo Dodge 1500 y un amplificador, pero todos sabíamos que lo del auto era mentira. Bastaba con salir a la calle y sentir el olor a bosta, todavía tibia en el medio de la calle, para saber que ese Botellero existía de verdad.

Tiene un alazán, decían en Guayaquilmes. Es un tordillo, aseguraban los vecinos de Longchamps Elysee. La leyenda iba en aumento, así que un día hubo un debate importante en la plaza central de Camboyaneda. Mientras los más chicos jugábamos por ahí, los grandes discutieron horas sobre el Botellero Invisible. “El tipo existe; yo una vez lo hice pasar a mi casa”, aseguró a los gritos la Luchesi, que según mi mamá era de invitar a los hombres a su casa. Doña Lugones dijo que lo había visto una tarde, con su carro desvencijado, mientras desandaba la ruta 66, que en aquel entonces unía Pehuajóllywood con Chernobyllingurst.

Creo que hubo otras cuatro o cinco reuniones y los debates fueron cada vez más bravos. Y al final, como pasa siempre en este país, nunca supimos qué era lo que pasaba. Pero yo, cada que vuelvo a la casa de mis viejos, apago la radio y bajo los vidrios. Y no me importa que entre un calor de locos o un polvillo insoportable. Trato de ir bien despacito, casi sin hacer ruido, para ver si en una de esas escucho el canto del Botellero, ese viejo sonido que tanto me hace acordar a mi infancia.

regi

1 octubre 2008

Un día abrí LNP y la vi a Maria Cristina Liberti en una nota de una página en la que explicaba su rol en un grupo de profesionales que estudian el bullying, que es algo así como las jodas escolares. Digamos que las tradicionales cargadas que hacen los chicos ahora tienen ese nombre y hay gente que estudia las consecuencias que eso puede tener. La verdad es que enseguida uno se da cuenta que en la infancia hay jodas muy crueles y que está bien que alguien se dedique a frenar eso.

Enseguida me di cuenta que la foto estaba tomada en la casa de ellos, Santiago del Estero 524 (las chapitas en bahia dicen el nombre de la calle, acá en Buenos Aires sólo el número, para la calle hay que ir hasta la esquina), desde la puerta del consultorio de Cris, porque de fondo se veía el patio, a pesar de que las persianas estaban bajas. Sucece que las persianas en la casa de los Moralejo tenían las tablitas paralelas al piso (no horizontales, como casi todas) y dejan un hueco amplio que permiten ver hacia adentro. Ya que me acordé del 524 de la dirección también puedo agregar que el teléfono era 46778. Después le habrán agregado el 45, pero cuando yo lo discaba era así, 46778, una escalera imperfecta, dos sietes en lugar de un cinco

La de los Moralejo era una casa rara. De entrada nomás, esa escalera externa que conducía al consultorio de Cris, ese donde ahora sacaron esta foto, generaba una impresión distinta. Cris tenía el consultorio ahí mismo, en la casa. Pienso que debe estar muy bueno tener el consultorio ahi, tus libros, tus cosas, una forma de tener tu lugar en tu casa. El Toto también era profesional, ingeniero civil, lo que le permitía jugar de lateral izquierdo en la Liga de Profesionales y por supuesto llevar el cosito ese de cuero que usan los ingenieros para llevar lapices o lapiceras, pero no necesitaba oficina. Su oficina, su lugar, era el Taunus amarillo. En ese auto había desde un martillo neumático hasta el bolso de tenis.

Si entrabas a la casa un poco distraído te chocabas con el primer descanso de la escalera del interior, que era de madera, con dos o tres descansos más y huecos en la parte horizontal al piso (no sé si está muy claro esto último, debería preguntarle a la hermana de Regi, que es arquitecta y trabajó con César Pelli, eso dicen las viejas chusmas de Bahía, que ni saben quién es Pelli).

La casa tenía algunos ambientes muy frios, como ese living enorme, con desnivel en la zona donde estaba el equipo de música. Ahi escuché por primera vez Achtung Baby de U2, y ya que estoy lo voy a poner así termino de escribir esto con eso de fondo. También me acuerdo de haber escuchado ahí Are you gonna go my way, de Lenny Kravitz. Los discos eran del hermano mayor de Regi, Juani. Supongo que tener hermanos mayores varones te permite accecer más facil a cierta música.

También había otros ambientes super cálidos, como la cocina (dos puertas vaivén, una casi no se usaba), donde tomábamos la leche cuando volvíamos del club. Nunca supe bien cómo la preparaban, creo que calentaban la leche y le ponían el saquito a eso. O sea era un te de leche, no de agua, delicioso para combatir el frío bahiense. Eso y tostadas con manteca y miel, miles. De ahí seguiamos para el patio, porque a Regi la energía no se le acababa nunca. Quizás ya habiamos jugado siete horas en el club pero no importaba, el tipo enfilaba para el patio (piso de laja) y haciamos un basquet, un aro con un diámetro muy chiquito que requería mucha precisión. También había un quincho, al que no creo haber entrado nunca y una pileta de plástico (no estoy muy seguro de esto último).

Vuelvo a la foto, Cris Moralejo está sonriendo, como siempre, y supongo que el fotógrafo le habrá pedido que pare de hablar un segundo, porque la recuerdo como una máquina de hablar y, sobre todo, de adjetivar. Cris me adora porque cuando Regi se unió a la escuela 7, en cuarto grado, yo le dije que se sentara conmigo, porque lo conocía del club. Digamos que lo integré al resto del grado. No recuerdo haberme esforzado para hacer eso, decir, bueno, voy a tratar que el muñeco este pegue onda con el resto de la banda de forajidos. Son cosas que te salen naturalmente, sin pensarlo demasiado, pero que evidentemente pegaron mucho en esa madre, ya que al día de hoy todavía me lo recuerda cada vez que la cruzo, y eso que fue a principios del ciclo lectivo de 1989. Claro, esta es justo una madre que estudia el bullying y yo con su hijo menor hice todo lo contrario, jugando un poco pedorramente con las palabras digamos que le hice backing, o más pedorrramente aún, le hice vacking.

En realidad hay tipos que tienen una fuerza superior, como Regi, al que no hay necesidad de respaldar, por más que tuviera 9 años o pesara 22 kilos. Me acuerdo de un partido imposible que ganó en la Copa Prince, cancha tres, contra un pibe de Neuquén, muy superior a Regi. Pero bueno, el enano le devolvió tres millones de pelotas, el tipo se volvió loco y perdió. Tan caliente estaba el pibe este que en un momento revoleó un pelotazo y la mandó hasta el estanque, pasó de aire las canchas 5 y 6. Ese día Regi boludeó un set entero con un perro siberiano que le habían regalado (creo que era su cumpleaños) y lo terminó ganando en el tercero. No sé que habrá pasado con el perro, con el Taunus o si la pileta estaba en ese patio o me la imaginé. Pero sí estoy seguro que si hizo frío el periodista de LNP se tomó un té de los mejores en lo de Cris Liberti.